Sevilla vivió una tarde de expectación mayúscula con el retorno de Morante de la Puebla, un acontecimiento que hizo colgar el cartel de no hay billetes desde la apertura de la taquilla. El sol caía desprendido sobre la ciudad un calor tórrido, impropio de estas fechas, envolviendo la ciudad en un abrazo abrasador que no aminoró la pasión de los aficionados.
Al enfilar Morante la calle Iris, el clamor que surgido se convirtió en un rugido colectivo, preludio de la tarde de toros que se avecinaba.La solemnidad del momento se acentuaba con la presencia del rey emérito Don Juan Carlos I, quien volvía a Sevilla para presenciar una corrida de toros diez años después de su última visita. Un gesto que añadía un halo de distinción y recuerdo a la jornada. Toda la terna brindó el primer toro de su lote a Su Majestad.
Morante de la Puebla, en su primero, se enfrentó a un animal ya muy castigado en varas. Apenas pudo desplegar un torerísimo inicio de faena, pues el toro parecía querer echarse sin recibir estocada. Con maestría, Morante lo pasaportó con un volapié que cerró la breve intervención. Silencio
Roca Rey tuvo algo más de fortuna en su primero, aunque la mansedumbre y la falta de fuerzas del animal condicionaron la faena a medida que avanzaba, limitando su expresividad. Ovación
Por su parte, David de Miranda sorteó el peor primero: un toro manso, marcado por la querencia a chiqueros, que no ofreció ni un solo pase. Silencio
El segundo de Morante fue otra historia. Mecido a la verónica, llegó a esperar al toro a mitad de la suerte cuando este se quedó parado. Poco castigado en varas para preservar sus fuerzas, Morante inició la faena con pasos que ganaban terreno al toro hasta llevarlo a los medios. Con la derecha, detuvo el tiempo, toreando con profundidad y compás; con la izquierda, insistió sin fortuna, y finalmente cerró la faena con un estoconazo con el que el toro se atronó rápidamente. Tras esto, los tendidos embriagados de pasión se llenaron de pañuelos para pedir las orejas, el presidente ante tal fervor destilado por el público concedió las dos orejas. Dos orejas
Roca Rey, en cambio, se llevó al toro más potable de la tarde. Al principio le costó encauzar la faena, pero pronto enjaretó series de gran ligazón por el derecho, con recorrido y limpieza de muletazo, culminando con una estocada en buen lugar aunque tendida que le impidió la consecución de un trofeo mayor. Oreja
Asomó por chiqueros el cierra plaza de nombre Corchoso que poco iba a durar en el ruedo. Al entrar al caballo que guardaba puerta se rompió el pitón tras un golpe con el estribo del picador. Tras esto el presidente Gabriel Fernández sacó el pañuelo verde que dio lugar a la salida del sobrero de nombre Chumbo. David de Miranda volvió a encontrar complicaciones la lidia de su segundo toro. Desde el inicio de la faena, inmóvil en el centro del ruedo, fue arrollado por el animal, aunque pudo continuar. La faena se convirtió en un constante desafío, jugándose la vida en cada muletazo ante un toro falto de fuerzas con el que el diestro triguereño se colaba entre los pitones constantemente, en una demostración de valor seco que tuvo su culmen con un gran volapie. Oreja

