La tarde en la Real Maestranza de Caballería de Sevilla se escribió con el pulso de quienes desafían al destino sobre un estribo. Fue una jornada de contrastes marcados, donde la contundencia de un veterano se fundió con la finura de una figura consolidada y la ambición de un joven llamado a heredar el trono. En el centro de todo, el palco presidencial se erigió como un guardián severo de la tradición, midiendo con una vara de hierro el valor de los trofeos y marcando la diferencia entre el triunfo grande y la gloria contenida.
Andy Cartagena reclamó su lugar en la historia sevillana mediante una exhibición de poderío y conexión absoluta con los tendidos. Desde su primer encuentro, el alicantino dejó claro que su paso por Sevilla no sería un trámite. Con inteligencia, supo leer la raza de su lote, pero fue en el cuarto de la tarde donde rompió el techo de cristal de la plaza. La imagen de Copo de Nieve recibiendo el varetazo del toro de Capea fue el preludio de una tormenta de entrega. Cartagena no retrocedió, sino que redobló la apuesta con una exposición vibrante que obligó al público a ponerse en pie. Tras un rejonazo fulminante, las dos orejas cayeron por su propio peso, abriendo de par en par la Puerta del Príncipe.
Por su parte, Lea Vicens desplegó un toreo de una estética impecable, demostrando que la elegancia no está reñida con la capacidad de lidia. Su primera oreja fue fruto de la paciencia y el tesón ante un animal que buscó refugio en las tablas, obligándola a pisar terrenos comprometidos con Jocker y Diluvio. En su segundo turno, la francesa volvió a acariciar el éxito con una faena de frentes rectos y batidas medidas, pero el acero no fue su aliado definitivo. Pese a la fuerte petición de un sector del público, su labor quedó sellada con una vuelta al ruedo que supo a reconocimiento por su sello inconfundible y su magisterio en la plaza.
El capítulo más emocionante y a la vez agridulce lo protagonizó Guillermo Hermoso de Mendoza. El navarro ofreció una lección de pureza, toreando siempre con el pecho del caballo y sin recurrir a lo superfluo. Su capacidad para encelar a los toros de Carmen Lorenzo y Capea fue asombrosa, especialmente en un sexto toro donde Berlín demostró por qué es una leyenda de las cuadras actuales. Guillermo se quedó a milímetros de la gloria absoluta porque Sevilla exige la perfección total en la suerte suprema. El pinchazo previo al rejón definitivo en el último de la tarde fue el único obstáculo entre él y la Puerta del Príncipe, dejándole con un balance de dos orejas de mucho peso pero obtenidas por separado.
Al caer la tarde, el balance final dejó una sensación de justicia poética. Los toros de la familia Capea cumplieron con su fama de colaboradores nobles y con transmisión, permitiendo que cada rejoneador expresara su concepto. La Puerta del Príncipe de Andy Cartagena queda como el gran hito estadístico, pero la verdad de Guillermo y la clase de Lea Vicens permanecen en la memoria de los aficionados como la prueba de que, en el rejoneo, el éxito se mide a veces por el alma y no solo por el número de pañuelos blancos en el palco.
FICHA DEL FESTEJO:
Real Maestranza de Caballería ( Sevilla)
19 de Abril – 9ª de Abono
Andy Cartagena: Oreja y Dos Orejas
Lea Vicens: Oreja y Vuelta al Ruedo
Guillermo Hermoso: Oreja y Oreja
Entrada: 3/4 de plaza

