Hay tardes en que la Maestranza no es solo un escenario, sino un juez. Hoy domingo 17 de mayo, la plaza baratillera ejerce esa función implacable cuando seis novillos de Murteira Grave esperan en los chiqueros a tres novilleros de máxima capacidad: Uceda Vargas, Gonzalo Capdevila y Mariscal Ruiz. El paseíllo está fijado para las siete de la tarde, esa hora dorada del atardecer sevillano en que la luz cae oblicua sobre el albero y lo tiñe todo de una calidez que invita, y exige, al toreo largo y templado.

1º Nº43 . HIPY. Negro burraco. 452kg. 11/22
Abrió plaza un utrero de Murteira Grave noble pero medido de fuerzas, con el que Uceda Vargas dejó patente su madurez y el hondo compromiso que exige el albero maestrante.
Recibió el sevillano al abreplaza con un ramillete de verónicas de excelente factura, ganando terreno hacia los medios y templando la templada pero mortecina embestida inicial del astado. En el tercio de varas cumplió con creces Luis Pérez; tras un primer encuentro donde el de Murteira salió distraído buscando la querencia, el picador aguantó la larga distancia en el segundo puyazo, provocando que el novillo se arrancara con alegría desde lejos para levantar la primera gran ovación de los tendidos.
En el quite reglamentario, Gonzalo Capdevila quiso replicar por chicuelinas, pero el intento resultó baldío ante la evidente falta de ímpetu del animal en ese ecuador de la lidia. Posteriormente, en banderillas, saludó los aplausos la cuadrilla de Vargas tras un soberbio primer par de Jesús Márquez, aunque el tercio quedó emborronado al final por una deficiente colocación en el último par.
Lo mejor de la tarde llegó en la muleta. Tras brindar de paisano a sus paisanos, Uceda Vargas ejecutó un inicio de faena clásico y torero, sacándose al novillo a los medios con torería. El de Murteira Grave rompió a bueno, sacando la bravura y la clase que llevaba dentro, especialmente por el pitón derecho. Sin embargo, el runrún de la plaza llegó al natural. Fue por el pitón izquierdo donde el diestro de Gerena firmó los pasajes más profundos y logrados, dándole al novillo la distancia y los frentes que requería.

La faena, que fue de más a menos conforme se apagaba el motor del animal, no llegó a alcanzar la rotundidad necesaria para que rompiera a tocar la Banda del Maestro Tejera, pero sí caló hondo en una afición que jaleó con fuerza las series. Con gran oficio y sin dilatar el metraje, Vargas se perfiló con rectitud para recetar una estocada media, en todo lo alto, que fue suficiente para despachar al astado. Escuchó una cariñosa y respetable ovación desde el tercio.
Silencio
2º Nº62. SARGENTO. Negro mulato bragado. 491kg. 11/22
El segundo de la tarde, de nombre Sargento, trajo consigo la emoción de la casta y la bravura al coso del Baratillo. Frente a él, el gaditano Gonzalo Capdevila firmó una actuación de máxima entrega y madurez, rozando el triunfo grande tras sobreponerse a un serio percance.
Apostó fuerte el joven espada desde el primer instante, yéndose a recibir al astado a portagayola. El escalofrío inicial dio paso a un ramillete de chicuelinas de asombrosa madurez y empaque, una declaración de intenciones que puso a los tendidos en pie y desató la primera gran ovación. Tras fijar al de Murteira con una garbosa larga cordobesa, el novillo acudió con fijeza y poder al caballo. Santiago Pérez cuajó un tercio de varas milimétrico; en un calco de bravura —como si del día de la marmota se tratase—, el piquero midió el castigo en dos puyazos exquisitos en los que el animal se empleó con riñones.
Pasó desapercibido y emborronado el tercio de banderillas por parte de la cuadrilla, donde la falta de acierto empañó la lidia, salvándose de la quema únicamente el pundonor de José Germán Martín en el último par.
Nuevamente con el público a su favor, Capdevila brindó la muerte de Sargento al respetable sevillano antes de hincarse de rodillas entre las dos rayas. Desde el suelo, con una naturaleza y quietud asombrosas, hilvanó los primeros muletazos para rematar la serie con un pase de pecho antológico que crujió en la plaza. El novillo rompió con categoría, entregándose por el pitón derecho, el lado por el que el gaditano cimentó la importancia de su trascendental cita. La faena cobró tal calado que, a la tercera serie, la Banda del Maestro Tejera rompió a tocar los sones del pasodoble Ayamonte, encendiendo el duende maestrante.

Supo Capdevila leer a la perfección las distancias y los tiempos que el exigente ejemplar requería, consintiéndolo en la corta distancia cuando el de Murteira empezó a pedir los papeles, siempre humillando y con firmeza. Sin embargo, el tributo de la gloria suele ser caro. En las postrimerías de la faena, tras una última tanda de enorme mérito, sobrevino el descuido: el astado sorprendió al torero, propinándole una fea y aparatosa voltereta que heló los corazones.
Afortunadamente, el gaditano se repuso sin mirarse la ropa, con el honor intacto y la espada en la mano. Marró en la suerte suprema al dejar una estocada baja y tendida, doblando el novillo en los medios. El defecto con el acero enfrió la concesión del trofeo, que fue denegado por la presidencia a pesar de la unánime y clamorosa petición de oreja por parte de un tendido que supo reconocer la pureza de su obra.
Vuelta al ruedo tras petición
3º Nº14. ÉVORA. Negro mulato bragado. 494kg. 10/22
El ecuador del festejo trajo el debut en la tarde de Mariscal Ruiz frente a Évora, un astado negro mulato bragado, de 494 kilos, que lamentablemente no ofreció opciones de lucimiento debido a su alarmante falta de fuerzas y a su nula condición para la lidia.
El susto volvió a sobrecoger los corazones del coso maestrante apenas arrancaba el festejo. Tras un templado y prometedor recibo capotero por verónicas al abrigo de las tablas, Mariscal Ruiz sufrió un inoportuno tropiezo, quedando a merced del de Murteira Grave en el albero; afortunadamente, el animal desentendió la dantesca situación y no hizo por el torero. En el tercio de varas, el novillo evidenció su falta de casta y poder: no se empleó en ninguno de los dos encuentros, llegando a desequilibrar y dar la vuelta al caballo de Miguel López por pura inercia, para terminar rodando por el suelo tras salir del segundo puyazo, confirmando los peores presagios sobre su preocupante invalidez.
Fiel a su dinamismo y compromiso, el de Mairena del Aljarafe asumió el protagonismo en el tercio de banderillas. Brindó los palos al respetable y protagonizó un vibrante tercio compuesto por tres grandes pares, destacando especialmente el segundo de ellos ejecutado con enorme pureza en la mismísima boca de riego. Una demostración de facultades con la que buscó calentar los tendidos y llamar la atención del palco presidencial.

A la hora de la muleta, el novillero protagonizó la anécdota de la jornada cuando, contagiado por la emoción, brindó la muerte del novillo al público sevillano olvidando pedir el preceptivo permiso a la presidencia, un descuido que evocó lo vivido apenas veinticuatro horas antes con Morante de la Puebla en el albero de Jerez.
Ya en el desierto de la faena, Mariscal Ruiz planteó un inicio clásico, basando su estrategia en la distancia y la máxima templanza para cuidar la endeble estabilidad de Évora. Sin embargo, el astado se negó por completo a pelear, mostrándose remiso y deslucido desde los primeros compases. Hubo un leve espejismo de transmisión por el pitón derecho, donde el espada logró arrancar algunos aplausos a base de insistencia, sumando también media docena de naturales de muy bella factura en los que puso todo lo que le faltaba al oponente. Pero el trasteo, herido de muerte por la preocupante falta de fuerzas del animal, se diluyó irremediablemente.
El calvario definitivo llegó en la suerte suprema. El de Murteira, completamente parado y sin humillar, complicó sobremanera la labor del mairenero. Mariscal pinchó en el primer intento y la fortuna le dio la espalda en las siguientes entradas. Finalmente, tras un esforzado quinto intento, logró recetar una estocada tendida que pasaportó al descastado ejemplar. Silencio para el torero tras una labor en la que inventó faena donde no había materia prima.
Silencio
4º Nº82. GANDULO. Castaño bragado. 475kg. 09/22
Saltó al ruedo el cuarto de la tarde, segundo del lote de Uceda Vargas, un astado de Murteira Grave de bonitas hechuras, serio y a la altura de lo que exige Sevilla, que superó en casta y fuerza a sus hermanos anteriores.
El sevillano, consciente de lo mucho que se jugaba, encendió la mecha de la emoción desde el inicio: se plantó de rodillas al abrigo de las tablas para cuajar un recibo capotero de enorme tensión y torería, templando con las manos bajas la boyante y medida embestida de salida del utrero. En el tercio de varas se midió con inteligencia el castigo.Javier Román firmó dos puyazos cortos pero en el sitio, cuidando la duración y el poder del animal de cara a los tercios posteriores.
La lidia ganó enteros en banderillas gracias a una soberbia actuación de Jaime Bermejo. El subalterno se asomó al balcón con torería en el primer y en el tercer par, cuadrando en la cara del novillo con enorme pureza. Tras el clamor popular del tendido, Bermejo se vio obligado a desmonterarse para saludar una calurosa ovación.

Por segunda vez en su tarde, Uceda Vargas volvió a brindar la muerte del toro al respetable maestrante, un gesto de respeto y sensibilidad hacia el soberano sevillano en busca del triunfo definitivo. Aunque la primera tanda de muleta pecó de cierto acoplamiento, la faena rompió a más cuando el diestro tomó la mano derecha, firmando series de trazo hondo que arrancaron los primeros olés rotundos de la tarde.
Sin embargo, el cenit del trasteo llegó al natural. El de Murteira Grave sacó a relucir la clase de su pitón izquierdo en las postrimerías de la faena y Vargas lo entendió a la perfección, hilvanando una tanda de naturales magnífica, profunda y cosida. El calado de la obra fue tal que el palco ordenó romper a la banda con el pasodoble Gallito, un momento cargado de simbolismo y misticismo, pues apenas veinticuatro horas antes —el 16 de mayo— se conmemoraba el 106º aniversario de la trágica muerte de Joselito El Gallo.
El astado llegó entero y con transmisión al final de la faena, complicando la papeleta en los pases por alto de adorno con los que el novillero cerró el trasteo. Sin amilanarse, Vargas se tiró a matar con rectitud, recetando una gran estocada tendida. El acero surtió un efecto fulminante, doblando el de Murteira sin necesidad de apenas capotazos ante el delirio de unos tendidos que rompieron en unánimes aplausos.
Ovación
5º Nº18 DESINQUIETO. Negro mulato burraco. 481kg 11/22
De valentía y casta iba la tarde, y bajo esa premisa volvió Gonzalo Capdevila a apostar el todo por el todo. Recibió a su segundo oponente de rodillas al abrigo de las tablas, en un arranque de tremenda exposición; sin embargo, el de Murteira Grave salió abanto y despistado, desentendiéndose por completo del embroque y dejando al gaditano inédito en el saludo capotero.
Esa alarmante mansedumbre se acrecentó en el tercio de varas. El astado buscó descaradamente la querencia en cuanto pisó la jurisdicción del caballo. Tardó en producirse el primer encuentro y el castigo resultó excesivo en duración, lo que provocó los primeros pitos y silbidos de protesta en los tendidos. En el segundo puyazo se calcó el libreto de la mansedumbre: el animal huyó de los frentes, obligando al picador Mario Benítez a rebasar las dos rayas por segunda ocasión para poder asegurar el encuentro. Tras el severo castigo, el utrero acusó el esfuerzo y perdió la poca fuerza y el escaso celo con los que se había presentado en el ruedo.
El tercio de banderillas mantuvo la tónica de complicación habitual de la tarde. Resultó una labor ardua y comprometida dejar los palos ante un ejemplar que, sumado a su condición de distraído, comenzó a desarrollar sentido, tornándose sumamente peligroso para los subalternos de Capdevila, que tuvieron que emplearse a fondo para salvar la papeleta.
Ante el panorama, y consciente de que era el último cartucho de su compromiso en la Maestranza, Gonzalo Capdevila planteó un recibo de muleta clásico y torero, flexionando las rodillas con poderío para machetear al astado y tratar de imponer su ley desde el inicio del trasteo. Continó la faena, exponiéndotela, marcando firmeza y dejando grandes naturales por el pitón derecho de este tímido novillo de Murteira, que fue de peor a mejor en la faena.

Comprendió Capdevila, con notable clarividencia, que las escasas opciones de su oponente pasaban por la paciencia y el mimo, instrumentando los pases de uno en uno, abstrayéndose de las bruscas condiciones del astado. Solo así, a base de puro empeño y colocación, logró arrancar los únicos y meritorios aplausos de un trasteo condenado de antemano. Para colmo de males, en el epílogo de la faena sobrevino el susto: por segunda vez en la tarde, el novillero gaditano quedó a merced del pitón, rozando una cornada que afortunadamente quedó en un seco pitonazo.
Se perfiló para matar en la suerte contraria, dejando un pinchazo previo a una gran estocada en el segundo intento. El de Murteira, amoratado y duro, se resistió a doblar mientras sonaba el primer aviso presidencial, obligando al espada a hacer uso del descabello para poner fin a su enrazada pero accidentada tarde en Sevilla. Y es que, en contra de lo que reza el castizo refrán, este quinto de la tarde sí que fue el malo.
Aplausos tras aviso
6º Nº03 CARABELLO. Negro mulato. 525g. 12/22
Cerró la tarde un imponente y voluminoso astado de Murteira Grave que no puso las cosas fáciles de salida. Le costó a Mariscal Ruiz fijar al cierraplaza en el capote, pues el animal protestaba con fijeza deslucida en cada embroque, desbaratando los múltiples intentos del camero por redondear el saludo veroniquero.
Sin embargo, el de Mairena del Aljarafe tiró de maestría para conducir al utrero hacia el caballo, firmando un garboso quite por chicuelinas rematado con una estética larga cordobesa. En el tercio de varas, Juan Antonio Carbonell ejecutó un soberbio y medido primer puyazo, ante un astado que apenas se empleó ni quiso pelea en el segundo encuentro.
El idilio de Mariscal con las banderillas volvió a encender los ánimos. La Banda del Maestro Tejera rompió a tocar en su honor mientras el espada imponía su imponente planta y capacidad ante el cuajado novillo. El clamor llegó en el último par: Mariscal se encajó en las tablas, cuajando un soberbio y arriesgado quiebro en la mismísima cara del animal y ante el palco presidencial, firmando un tercio de auténtica categoría.
No lo tuvo fácil el joven espada en la muleta, teniendo que combatir no solo con las exigencias del de Murteira, sino con el fuerte viento que a esas horas asolaba el albero de la Maestranza. Rompió el trasteo con un torero molinete para sacarse al novillo a los medios, hilvanando una estimable tanda inicial. Buscó con ahínco la transmisión del astado por el pitón derecho en dos series consecutivas de limpio trazo, aunque la obra tardó en calentar el frío tendido.
La tecla del triunfo la encontró al natural. Dándole la distancia justa y el espacio que el toro pedía, Mariscal cuajó una soberbia serie de naturales zurdos, cosidos y rematados con un pase de pecho antológico que, ahora sí, hizo crujir los cimientos maestrantes. La réplica en la siguiente tanda tuvo idéntica pureza, obligando a la banda a descorchar el pasodoble Recordando a Tejera.
Con la plaza volcada y toreando desde la larga distancia, sobrevino el drama: el astado venció el viaje y propinó una fea y aparatosa cogida al torero. Se hizo el silencio sepulcral en la Maestranza. Afortunadamente, sin daño aparente y con el vestido de luces deshecho, Mariscal Ruiz volvió a la cara del toro sin mirarse, mostrando una raza descomunal para instrumentar una última y rotunda serie de derechazos antes de perfilarse con el acero.

Se tiró a matar o a morir, recetando la estocada de la tarde. Un reventón en todo lo alto que fulminó al de Murteira Grave sin puntilla. La petición en los tendidos fue unánime, atronadora y sin fisuras. El palco no pudo negar el trofeo y Mariscal Ruiz paseó, con toda justicia, la única y merecida oreja de una tarde de tremenda madurez y verdad.
Oreja
FICHA DEL FESTEJO:
Real Maestranza de Caballería (Sevilla)
Novillada con picadores – 17ª de abono
Novillos de Murteira Grave
Uceda Vargas: Silencio/Ovación
Gonzalo Capdevila: Ovación y Vuelta al Ruedo/Aplausos
Mariscal Ruiz: Silencio/Oreja