El Salón Colón del Ayuntamiento de Sevilla acogió la entrega del X Premio Taurino Ayuntamiento de Sevilla, un reconocimiento que recayó en José Antonio Morante de la Puebla, protagonista de una ceremonia marcada por el reconocimiento a su trayectoria y por la reivindicación de la estrecha relación entre Sevilla y la tauromaquia.

La llegada de los protagonistas marcó el inicio de una tarde solemne. Morante de la Puebla, Garzón y el alcalde hicieron su entrada en el Salón Colón acompañados por los sones de la Banda de Música del Maestro Tejera, encargada de amenizar toda la ceremonia. Los acordes de la formación sevillana aportaron la atmósfera festiva y taurina que acompañó cada uno de los momentos más destacados del acto.
El primero en intervenir fue el concejal del Área de Fiestas Mayores, Manuel María Alés del Pueyo, quien dio la bienvenida a los asistentes y destacó el firme compromiso del Ayuntamiento de Sevilla con la defensa y promoción de la tauromaquia. En su discurso subrayó la importancia de preservar una tradición profundamente vinculada a la identidad de la ciudad y dedicó palabras de reconocimiento al premiado, resaltando la dimensión artística y humana de Morante de la Puebla.
Tras sus palabras, el pasodoble «Plaza de la Maestranza«, volvió a llenar la estancia antes de dar paso a la intervención de uno de los miembros del jurado, Luis Carlos Peris. Su discurso comenzó con un recorrido por la historia del Premio Taurino Ayuntamiento de Sevilla, recordando a todos los galardonados de las anteriores ediciones y poniendo en valor el prestigio alcanzado por el reconocimiento a lo largo de los años.
A continuación, centró su intervención en la relación histórica entre Sevilla y la tauromaquia, dejando una de las frases más celebradas de la tarde: «¿Qué sería del toro sin Sevilla y qué sería Sevilla sin el toreo?». Desde esa reflexión, construyó un elogio apasionado a la figura de Morante de la Puebla. Recordó especialmente lo sucedido en Las Ventas el pasado 12 de octubre, cuando el torero anunció su retirada y se quitó la coleta. Aquel momento, señaló, fue vivido por muchos aficionados como una jornada triste para la tauromaquia, que veía marcharse al que definió como el «Rey del Toreo».
Luis Carlos Peris, evocó la incertidumbre que generó aquella decisión y el temor a un futuro sin la presencia de una de las figuras más influyentes del escalafón. Sin embargo, destacó la posterior vuelta de Morante a los ruedos, devolviendo ilusión a los aficionados y llenando de tauromaquia Sevilla y el resto de España. Concluyó afirmando que no existía mejor escenario para su reaparición que la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, «su casa», donde su concepto artístico encuentra una de sus máximas expresiones.

Un nuevo pasodoble, esta vez el de «Adamuz», sirvió de transición hacia el momento central de la ceremonia. El concejal procedió entonces a dar lectura al acta oficial del jurado que concedía el X Premio Taurino Ayuntamiento de Sevilla a Morante de la Puebla. Acto seguido, el alcalde hizo entrega del galardón al torero cigarrero entre una larga ovación de los asistentes, que se pusieron en pie para reconocer la trayectoria de una de las grandes figuras del toreo contemporáneo.
Ya con el premio en sus manos, Morante de la Puebla tomó la palabra. Visiblemente agradecido, comenzó confesando sentirse «abrumado» por las numerosas distinciones que recibe, aunque siempre profundamente agradecido por el cariño mostrado hacia su persona.
El torero articuló su intervención en torno a una reflexión inspirada en una entrevista que escuchó sobre el legendario torero Marcial Lalanda. De aquella conversación extrajo tres pilares fundamentales para llegar a ser torero. El primero, explicó, fue el entorno. Vivir en Sevilla y crecer rodeado de ganaderías, aficionados y gente vinculada al mundo del toro fue determinante para elegir ese camino vital.
El segundo aspecto fue la vocación. Morante destacó que sin una verdadera llamada interior resulta imposible soportar las dificultades, sacrificios y exigencias que implica la profesión. Finalmente, señaló el profesionalismo como el tercer elemento esencial, una cualidad que le ha permitido mantenerse durante tantos años frente al público y responder siempre a las responsabilidades adquiridas.
En este sentido, confesó que la propuesta de la empresa de Sevilla y de la propia ciudad fue algo a lo que no podía negarse precisamente por ese sentido de la responsabilidad profesional. Concluyó su intervención agradeciendo nuevamente el reconocimiento y expresando su deseo de que la corrida del día siguiente respondiera a las expectativas de los aficionados y se convirtiera en una tarde memorable para todos.

Tras sonar el pasodoble «Morante«, llegó el turno del alcalde de Sevilla para clausurar el acto. Sus primeras palabras estuvieron dedicadas al recuerdo de José Carlos Villamandos, recientemente fallecido, trasladando un sentido abrazo y sus condolencias a familiares y allegados.
A continuación, centró su discurso en la profunda relación que une a Sevilla con el mundo del toro. Definió la tauromaquia como una realidad presente en los gestos, las costumbres, la vida cotidiana y los rincones de la ciudad, afirmando con rotundidad que «Sevilla es taurina». Asimismo, puso en valor las distintas iniciativas impulsadas desde el Ayuntamiento para proteger y promover esta tradición.
El alcalde dedicó después buena parte de su intervención a ensalzar la figura de Morante de la Puebla. Aseguró que el torero «forma ya parte de la historia de Sevilla» y que, por tanto, era de justicia que la ciudad le devolviera parte del cariño y la admiración recibidos durante tantos años.

Realizó un recorrido por la trayectoria vital y profesional del diestro, llegando a afirmar que «Morante de la Puebla nació siendo torero». Destacó que vive por y para el toreo y que, en su caso, la condición de torero trasciende lo que ocurre en el ruedo para convertirse en una auténtica forma de entender la vida.
También recordó hitos de su carrera, como el histórico rabo cortado en la Real Maestranza, y elogió un concepto taurino basado en la pureza, el clasicismo y la recuperación de suertes antiguas que forman parte del patrimonio cultural de la tauromaquia. Para el alcalde, Morante es un artista irrepetible y una figura destinada a permanecer en la memoria colectiva del toreo.
No faltaron referencias a la dimensión intelectual del torero. Sanz destacó la profundidad de muchas de sus reflexiones y aventuró que, con el paso de los años, numerosas declaraciones y entrevistas de Morante serán estudiadas y recordadas por su valor más allá del ámbito taurino.
Como colofón, situó simbólicamente al maestro cigarrero en el «Olimpo de los toreros», llegando a compararlo con una figura casi mitológica dentro de la historia de la tauromaquia. Con esas palabras concluyó una ceremonia marcada por el reconocimiento, la admiración y el orgullo sevillano hacia uno de sus toreros más universales.

El acto finalizó con la interpretación del Himno de Andalucía y del Himno de España, poniendo el broche solemne a una tarde en la que Sevilla rindió homenaje a uno de los nombres imprescindibles de la tauromaquia contemporánea: José Antonio Morante de la Puebla.
