
Algo más de media entrada en los tendidos para presenciar una novillada con picadores que, por desgracia, tornó en profunda decepción por culpa del juego de las reses. El encierro enviado por Fermín Bohórquez (incluido el quinto jugado como primer sobrero) resultó un auténtico fiasco ganadero: un saldo de astados mansos, descastados, flojos y rajados en su conjunto que rozó la nulidad absoluta y asfixió las opciones de la terna. Frente a este desolador panorama, Nacho Torrejón dictó una lección de pureza, colocación y verdad natural, paseando el único trofeo de una tarde en la que Manuel Olivero y Sergio Rollón porfiaron con arrestos sin opciones de lucimiento.
El abreplazas acusó mansedumbre y querencia hacia las tablas desde que asomó por chiqueros. No fue fácil fijarlo en el capote, y hasta el cuarto intento no pudo estirarse a la verónica Manuel Olivero, dibujando lances de buen recibo que abrochó con una media de excelente trazo. Tras un vistoso duelo en el capítulo de quites —donde Nacho Torrejónintervino por tafalleras y Olivero replicó por gaoneras—, lo mejor de la lidia llegó en el prólogo de la faena de muleta. El espada sevillano inició el trasteo desde las tablas con un ímpetu arrollador, hilvanando un soberbio derechazo y un molinete de alta escuela que metieron de inmediato al tendido en el canasto. Sin embargo, la emoción cayó en un pozo: la faena fue de más a menos a medida que el astado, flojo y descastado, se fue apagando por completo. Olivero logró ligar las series más limpias sobre la mano derecha antes de que el de Bohórquez se rajara. Tras fallar con los aceros, escuchó una ovación tras saludos.
El segundo de la tarde, de nombre «Galeote», salió con transmisión pero no dio facilidades en el capote. Tras emplearse en el peto, el utrero acusó su preocupante falta de fuerzas, llegando a perder las manos tras recibir el segundo puyazo reglamentario. Tras un vistoso quite por tafalleras de Sergio Rollón, Nacho Torrejón brindó al respetable e inició su labor sobre la mano derecha, obligando por abajo a un animal noble pero mermado. El toreo grande brotó de inmediato al natural. El madrileño cuajó dos soberbias tandas con la zurda, poseído por un abandono y una verdad impropios de un debutante. Corrió la mano con una hondura monumental, ligando al ralentí, barriendo el albero y obligando a la banda de Tejera a romper a tocar «Churumbelerías». Epilogó su magnífica labor con naturales de mucho empaque antes de recetar una gran estocada algo tendida. La petición fue unánime y el palco asomó el pañuelo blanco para premiar una faena de tremendo peso.
A Sergio Rollón le tocó bailar con la cruz de una moneda sumamente descastada, comenzando por el tercero, de nombre «Romano». El abulense mostró variedad capotera con un entonado saludo y un ajustado quite por gaoneras. Tras lucirse por chicuelinas en el segundo encuentro con el caballo, el presidente ordenó un riguroso tercer puyazo. En la muleta, a Rollón le costó un mundo romper la faena debido a las sosas y desconectadas embestidas del ejemplar de Fermín Bohórquez. El novillero de Ávila porfió con enorme insistencia y gran colocación, logrando estructurar una tanda compacta y aceptable en el quinto capítulo a base de consentir al astado. Remató su labor de una estocada algo desprendida que resultó fulminante para doblar al tercero, siendo premiado con palmas.
Exquisito fue el recibo capotero de Manuel Olivero al cuarto, corriendole la mano a la verónica y abrochando con dos soberbias medias. Por elegantes tijerillas puso en suerte a «Navajero», un astado que empujó con fijeza en el primer encuentro, pero que en la segunda vara acusó una alarmante flaqueza, llegando a echarse sobre el albero en dos ocasiones. Tras un magnífico tercio de banderillas en el que Miguel Ángel Ramírez saludó montera en mano, Olivero inició su faena instrumentando toreros ayudados por alto de mucho empaque. Por desgracia, ahí se acabó el carbón. El de Fermín Bohórquez se rajó sin disimulo a las primeras de cambio. Justo antes de perfilarse con el acero tras completar un molinete, el astado se le vino encima y lo arrolló de fea manera, sufriendo un tremendo susto sin consecuencias. Olivero tiró de raza y pasaportó a la res de una estocada inapelable, escuchando merecidas palmas.
El quinto titular fue devuelto por su alarmante endeblez, saliendo en su lugar «Cacereño», el primer sobrero de la tarde. El astado demostró mayor fuerza que sus hermanos, pero el tercio de varas resultó un despropósito al ser picado por confusión en el caballo de la puerta. Nacho Torrejón lo intentó con firmeza en los compases iniciales, a pesar de que el de Bohórquez amagó pronto con desentenderse de la pelea. A base de dejarle la muleta puesta en la cara, el espada madrileño logró ligar estimables series con la mano derecha. El utrero, decididamente rajado, sacó a relucir en la querencia algunas embestidas francas que Torrejón aprovechó para dictar una lección de clase y entereza en una notable serie de naturales de mano baja de bellísima factura. Siguió porfiando con arrestos, pero el animal terminó por negarse por completo a embestir. Emborronó su notable labor al pinchar en el primer encuentro, dejando en el segundo intento una estocada tendida, saludando una rotunda ovación.
Escasa fuerza demostró el cierraplazas, de nombre «Camarero», en el capote de Sergio Rollón, llegando a perder las manos tras la media verónica de recibo. En el tercio de varas, el picador Héctor Vicente supo gestionar con mimo los puyazos reglamentarios. Con la muleta en la mano, Rollón apostó por la vía de la espectacularidad en los medios, iniciando el trasteo con vibrantes pases cambiados por la espalda. Sin embargo, el espejismo duró muy poco, pues el de Fermín Bohórquez cantó su mansedumbre de inmediato y se rajó buscando descaradamente las tablas. La mortecina embestida ofreció algo más de opciones por el pitón izquierdo, lado que Rollón acertó a exprimir para hilvanar dos tandas de naturales meritorios, pulseando la endeble condición del animal. Porfió con arrestos el novillero de Ávila, pero resultó imposible arrancar un muletazo más de un pozo seco. Con los aceros emborronó su voluntad: pinchó, dejó una estocada tendida y trasera en el segundo intento y tuvo que cuadrarse de nuevo para recetar media estocada, despidiéndose entre palmas.
La novillada de Fermín Bohórquez fue un duro lastre para la Maestranza, un rotundo fiasco ganadero por su alarmante falta de fuerzas, raza y casta. Frente a la desolación de un encierro manso y rajado, emergió la arrolladora dimensión de Nacho Torrejón, quien dictó una lección de pureza, colocación y verdad natural. Su soberbia madurez al natural no solo le valió una oreja de peso, sino que lo consagró como el triunfador indiscutible de la función. Por su parte, Manuel Olivero y Sergio Rollón demostraron una encomiable disposición y firmeza por encima de sus lotes, pero se estrellaron por completo ante la nula condición de la materia prima.
FICHA DEL FESTEJO:
Real Maestranza de Caballería (Sevilla). Novillada con picadores – 21ª de abono
Novillos de Fermín Bohórquez
Manuel Olivero: Ovación/Silencio
Nacho Torrejón: Oreja/Ovación
Sergio Rollón: Aplausos/Silencio
Entrada: Media plaza
