Hay quien piensa que los Sanfermines son el encierro. Otros creen que son los toros. Algunos dirán que son la música, el blanco y rojo o la noche interminable. Todos tienen razón, pero si hubiera que señalar un elemento sin el cual la fiesta perdería buena parte de su personalidad, ese serían las peñas.
Porque las peñas no son un adorno de San Fermín. Son su alma.
Nacieron como asociaciones de amigos con el objetivo principal de proporcionar a sus socios una infraestructura para vivir las fiestas. Con el paso de los años ampliaron su actividad a ámbitos gastronómicos, culturales y deportivos durante todo el año, pero sin olvidar nunca su verdadera razón de ser: San Fermín.

Hoy resulta imposible entender la fiesta sin ellas.
Su protagonismo alcanza su máxima expresión en la plaza de toros. De hecho, la corrida de Pamplona bien podría definirse como el triunfo de las peñas. Mientras en otras plazas el espectáculo se desarrolla exclusivamente en el ruedo, en Pamplona hay dos espectáculos simultáneos. Uno abajo, con los toreros y los toros. Otro arriba, en los tendidos, con las peñas.
Vestidos con sus característicos blusones de colores, agrupados bajo sus pancartas y acompañados por sus charangas, los peñistas convierten la plaza en un universo propio. Quien no haya asistido alguna vez a una corrida desde la zona de las peñas difícilmente podrá decir que ha vivido los Sanfermines en toda su intensidad.
En realidad, la verdadera división de la plaza no es entre sol y sombra.
Es entre peñas y no peñas.
Su territorio ocupa tradicionalmente la zona situada sobre los toriles, buena parte de los tendidos 5, 6 y 7, además de varias zonas de grada y andanada. Aunque existen delimitaciones teóricas para cada peña, durante las fiestas todo acaba diluyéndose en una marea humana donde la alegría y el desorden forman parte del paisaje.
Pero las peñas son mucho más que la corrida.
También sostienen buena parte de la banda sonora de los Sanfermines. Es cierto que hoy existen numerosas charangas contratadas por el Ayuntamiento y otros organismos. Algunas incluso pueden tener más calidad musical. Sin embargo, la fuerza, la continuidad y la autenticidad de las bandas de las peñas siguen siendo insustituibles.
Su música acompaña la fiesta desde la mañana hasta bien entrada la madrugada. Recorre calles, plazas y rincones de la ciudad. Arrastra tras de sí a miles de personas. Marca el ritmo de una ciudad que durante nueve días parece vivir al compás de bombos, trompetas y saxofones.
Y cuando termina la corrida llega uno de los rituales más genuinamente pamploneses.
Las peñas saltan al ruedo.
Se reúnen alrededor de sus pancartas, se agrupan junto a sus músicos y comienzan una ceremonia que para muchos visitantes resulta tan fascinante como desconcertante. El albero se llena de blusones manchados, cánticos, bailes y abrazos. Poco después abandonan la plaza en formación, atravesando la multitud que les espera en el exterior.
La marcha continúa hasta la Plaza del Castillo.
Desde allí cada peña emprende camino hacia su sede, haciendo las paradas necesarias para refrescar gargantas y recuperar fuerzas. Es una riada humana de música y desenfreno que atraviesa la ciudad y que forma parte inseparable de la imagen de los Sanfermines modernos.
Vista desde fuera, la escena puede parecer caótica.
Vista desde dentro, es una experiencia única.
Porque las peñas son precisamente eso: la organización del caos.
Actualmente existen diecisiete peñas federadas que mantienen viva esta tradición. Algunas tienen más de un siglo de historia. La más antigua es La Única, fundada en 1903. Otras llegaron después, adaptándose a los cambios de la ciudad y de la propia fiesta, pero todas comparten una misma misión: custodiar el espíritu popular de San Fermín.
Las diecisiete peñas son:
- 7 de Julio San Fermín
- Los de Bronce
- El Bullicio Pamplonés
- Donibane
- Aldapa
- Alegría de Iruña
- Anaitasuna
- Armonía Txantreana
- Irrintzi
- La Jarana
- Muthiko Alaiak
- Oberena
- Rotxapea
- Sanduzelai
- El Charco
- La Única
- Mutilzarra
Entre todas no alcanzan los cinco mil socios, una cifra que puede parecer modesta para una fiesta de repercusión mundial. Sin embargo, su influencia es infinitamente mayor que sus números.
Las peñas no representan a toda Pamplona.
Pero representan algo que todos los pamploneses reconocen como propio.
Por eso, cuando se habla de los Sanfermines, se habla del encierro, de los toros, de Hemingway o del chupinazo. Pero cuando la música comienza a sonar en los tendidos, cuando los blusones llenan la plaza y cuando las charangas toman las calles al caer la tarde, aparece la verdadera esencia de la fiesta.
La que lleva más de un siglo poniendo banda sonora al corazón de Pamplona en San Fermín.
Las peñas.
