La segunda entrega de San Ignacio devolvió a la arena guipuzcoana de Azpeitia el pulso grave y la prestancia de una corrida de Murteira Grave armónica, de finas hechuras y con un fondo de casta de incuestionable interés. Un encierro de nota que sostuvo la tarde y en el que sobresalieron dos nombres propios en la nómina ganadera: el cuarto, un toro bravo y encastado distinguido con la vuelta al ruedo en el arrastre, y el quinto, ejemplar de exquisita clase. Eso sí: en una plaza que siempre ha hecho gala de su celo y riguroso respeto por el toro de verdad, no pasaron desapercibidas en el tendido las defensas de algunos de los animales reseñados.
En el plano estrictamente taurino, Emilio de Justo fue el nombre propio de la tarde al abrir la Puerta Grande. En su primer turno tropezó con un precioso ensabanado, de vistosa estampa pero de escaso fuelle, que anduvo rebrincado y terminó por apagarse pronto; el cacereño tiró de técnica, serenidad y oficio para construir una labor meritoria ante un toro sin apenas opciones. Todo cambió con el cuarto, “Bogotá”, un toro de insaciable acometida, largo recorrido y vibrante transmisión. De Justo entendió a la perfección sus virtudes y las explotó con una faena maciza, de riñón hundido, mano baja y trazo largo, aprovechando la inercia y la entrega del bravo Murteira más que imponiendo un gobierno absoluto sobre sus embestidas. Fue una actuación de creciente emoción, cimentada sobre la distancia y la ligazón, que encontró el premio de las dos orejas pese a una estocada trasera. El bravo Murteira fue justamente distinguido con la vuelta al ruedo.
Borja Jiménez, por su parte, volvió a evidenciar su disposición, aunque firmó una tarde de sensaciones encontradas. El segundo, justo de fuerzas y con tendencia a puntear los engaños, apenas permitió lucimiento pese al esfuerzo del sevillano. En el quinto tuvo delante al toro de mayor clase del encierro junto al premiado cuarto, y por momentos consiguió someter su excelente embestida con muletazos de buen trazo y mando. Sin embargo, la faena nunca terminó de romper definitivamente y, una vez más, la espada volvió a convertirse en un obstáculo insalvable. Los repetidos errores con los aceros diluyeron cualquier opción de triunfo y dejaron la sensación de una oportunidad importante desaprovechada.
Víctor Hernández dejó una impresión estimable, especialmente por el poso y el temple de su actuación. En el tercero encontró un toro noble y de buena condición, al que toreó por momentos con gusto y despaciosidad, sobresaliendo una serie de naturales de excelente factura. Una estocada desprendida le permitió cortar una oreja de peso. Con el sexto, un toro que llegó prácticamente sin picar al último tercio, planteó una lidia mucho más comprometida, volvió a mostrar decisión y firmeza. Aunque la faena no alcanzó continuidad por las dificultades del animal, Hernández dio la cara en todo momento y cerró su paso por Azpeitia con una actuación seria y de evidente compromiso.
Quedó en la retina de Azpeitia una tarde de notable interés y claro sabor ganadero. El encierro de Murteira Grave propició un escenario de alta exigencia donde sobresalió con claridad la rotunda actuación de Emilio de Justo, mientras Víctor Hernández dejó argumentos para seguir creciendo y Borja Jiménez volvió a marcharse condicionado por una espada que continúa alejándole de los triunfos que su concepto reclama.
FICHA DEL FESTEJO
Plaza de toros de Azpeitia (Guipúzcoa). Viernes, 31 de julio de 2026. Segundo festejo de la Feria de San Ignacio. Lleno de “No hay billetes”. Toros de Murteira Grave, de buenas hechuras, sin exageraciones en las caras, pero de buena presencia. De buen juego, especialmente la segunda mitad, con un cuarto bravo y encastado, y un quinto con clase.
Emilio de Justo, de grana y oro: estocada que hizo guardia y pinchazo (silencio) y estocada traerá (dos orejas).
Borja Jiménez, de lila y oro: tres pinchazos y una media estocada agarrada (silencio) y dos pinchazos y estocada caída (ovación).
Víctor Hernández, de azul rey y oro: estocada desprendida (oreja tras aviso) y media estocada (ovación).
