En Pontevedra los toros se viven de una forma diferente, son dos los festejos en todo el año los que se dan en el coso de San Roque, una maravilla de edificación construida en piedra hace ya 126 años.
Desde las 5 de la tarde 52 peñas taurinas copan el centro de la ciudad y se dirigen desde la iglesia de la Peregrina hacia la plaza de toros situada a orillas del rio Lérez.
Una vez en la plaza copan los tendidos de sol y ciertamente sostienen la tradición taurina en la ciudad.
Se lidiaban reses de Alcurrucen para los diestros Diego Urdiales, que hacía el paseíllo desmonterado, Sebastián Castella y Daniel Luque.
A las siete de la tarde la plaza era un hervidero, el bullicio de las peñas rebotaba en la espectacular cubierta construida por los hermanos Lozano, actuales empresarios del coso, hace ya 30 años.
Salió por chiqueros el primer ejemplar de la tarde, uno de los varios ejemplares que fueron pitados de salida por parte del público durante la tarde. Lo recibiría Diego Urdiales a la verónica, no estuvo a gusto del todo el riojano con un ejemplar que perdía las manos y se revolvía rápido. Tras un castigo largo en varas el animal salió algo más mermado de fuerza.
Comenzó la faena en los medios y ahi haría practicamente toda la faena, para acabar concluyendo la faena en toriles con un astado ya rajado. Pontevdra pudo ver ese toreo añejo y único del riojano, unos naturales de una pureza superior quedaron para la historia de este coso. Siempre bien colocado, dando las pausas necesarias al toro, hondo, puro y asentado. Sorprendentemente falló con el acero al primer encuentro para dejar una gran estocada. Todo quedó en una ovación cerrada tras un aviso.
Sería el turno de Sebastián Castella, el francés se encontraría con un Alcurrucen muy vivo de salida, poco pudo hacer de capa entre la fiereza y el cabeceo del animal.
Un inicio de muleta de mucho mando consiguió someter a un toro que mejoró después del puyazo. El francés entendió perfectamente al astado y a base de dejarle la muleta puesta en la cara después de cada muletazo consiguió construir faena por el derecho. Al natural tenía que ser de uno en uno, algún natural de buen trazo para redondear la faena. Concluyó el acto con una estocada de buena colocación y dos golpes de descabello. Una leve petición tras aviso que ni mucho menos fue suficiente para la concesión de un apéndice.
Salió Luque con ganas a una plaza que le recibía coreando su nombre, en la memoría del aficionado aun permanecía el recuerdo de las dos puertas grandes el pasado año. Al recibir a la verónica al tercero de la tarde pasó un momento de apuro tendiendo que hacerse un auto quite.
En cuanto se abrió la puerta el de Alcurrucen salió disparado hacia el caballo que hacía puerta, ahí tuvo que recibir el único puyazo. Tras un quite por chicuelinas muy ceñidas brinda al público pontevedrés.
En los mismos medios, donde había brindado la faena comenzó la faena. Con la muleta en la mano derecha el animal se le vino encima. Tras el susto Luque cambió al izquierdo. Por ahí le haría faena. Muy de verdad. Se fajó el toro a la taleguilla en cada pase. Una faena muy de Pontevedra, buen toreo y un toque de efectismo para encender a las peñas. Volvió a pasear la bautizada en Huelva por Juan Ramon Romero luquesina colombina, un pase en el que el de Gerena toma la muleta por el cáncamo y el pincho de la muleta apunta hacia su muslo. Una estocada un tanto trasera fue suficiente para que el toro se atronara. La petición se levantó y Luque paseó el primer apéndice de la tarde tras un aviso.
Salió en cuarto lugar un precioso toro de Alcurrucen, una pintura, con matices. El pelaje un espectáculo, las hechuras no tan acordes con la belleza de su pelaje.
Tras brindar al público que le veía por vez primera en esta plaza un inicio muy añejo, desde las tablas hasta los medios, rodilla en tierra. El toro soltaba la cara al final del muletazo y el público se había quedado un poco frío, el bullicio de las peñas había cesado, Galicia es tierra de buen comer y a eso estaban las peñas. Algo que también acentuó la frialdad fue el silencio de la banda, sin música en Pontevedra difícil conectar con el tendido. Parte de la sombra de algo más se enteró. Tras una gran estocada el toro cayó fulminado. Unas palmas se llevó de su último toro en Pontevedra.
En el arrastre un sainete. La cuerda del toro se soltó, las mulillas salieron desbocadas arrollando y un mulillero salió despedido.
Otro de los apuntes de la tarde fue el gran trabajo que tuvo la seguridad de la plaza. Un bocadillo salió despedido por el tendido de las peñas y varios peñistas fueron invitados a abandonar la plaza.
El segundo acto del francés tuvo más ganas que contenido. El público más pendiente del pasodoble que de la faena, pues tampoco el astado permitió construir una faena.
Castella estuvo voluntarioso desde el inicio de la faena, lanceando a verónica hasta los medios.
Muleta en mano inició la faena de muleta entre las dos rayas de picar. Las zapatillas enterradas en el albero citando al toro desde la distancia por alto. Poco más se puede reseñar. No se puede sacar de un pozo sin agua. Un toro muy parado imposible para el francés. Lo despachó de media estocada al toro que resultó muy efectiva. El toro se marchó pitado hacia el desolladero.
Hasta el sexto de la tarde tuvimos que esperar para ver la faena más redonda de la tarde. Luque bordó el toreo al natural embroque y ajuste con el toro, torear, vimos torear. Tras un final explosivo el público clamó con fuerza las dos orejas.
FICHA DEL FESTEJO
Plaza de toros de Pontevedra (Galicia)
1ª de abono – Toros de Alcurrucen
Diego Urdiales: Ovación, Palmas
Sebastián Castella: Palmas, Silencio
Daniel Luque: Oreja, Dos Orejas
Entrada: Más de 3/4 de plaza
