Segunda y última corrida de la feria de la Peregrina, la última de una feria que llegó a tener hasta cinco festejos no hace muchos años. Hoy sí, se pudieron ver toros, un ganado mas acorde a lo que exige la afición pontevedresa. unos toros de Victorino del Río- Cortés que sin estar sobrados de kilos presentaban unas hechuras más armónicas que el ganado del día anterior.
Un día que sin alguna duda fue una reivindicación y un grito a la esperanza taurina en Galicia. Una plaza abarrotada por cerca de 7000 almas que presenciaron una tarde histórica , yes que después de que José Tomás colgara el no hay billetes allá por el 2009 esta plaza no veía un lleno igual. Hasta en las bocanas de acceso a la plaza no cabía un alma.
Ante “Epicentro”, un ejemplar de la divisa de Victoriano del Río que pecó de evidente mansedumbre, Alejandro Talavante se topó de bruces con un muro de nulas opciones. El astado, descastado y huidizo, buscó descaradamente el refugio en tablas apenas el extremeño armó la muleta, negándose a embestir con franqueza. Pese a las adversidades de la lidia, el diestro se mostró en todo momento muy voluntarioso, intentando robar algún muletazo por ambos pitones sin lograr estructurar una faena hilvanada. Tras una estocada al segundo intento que puso fin a un trasteo de muy poco contenido, la labor dejó un balance de leves palmas desde los tendidos.

Con un buen toro del hierro de Cortés, Andrés Roca Rey desplegó todo su repertorio de poder y quietud. El espada peruano supo administrar a la perfección los tiempos de la lidia, dándole al animal las pausas necesarias para afianzarlo y someterlo en los engaños. A base de temple, construyó una faena muy del gusto de la afición pontevedresa, en la que brillaron con luz propia los ajustados pases por la espalda y un toreo fundamental muy en redondo, llevando la embestida atada a los vuelos de la muleta. La rotundidad de la obra culminó con una estocada un tanto caída de efectos fulminantes, tras la cual el animal rodó sin puntilla. La petición unánime y clamorosa del público obligó al palco, que no tardó en asomar los pañuelos para conceder el doble trofeo: dos orejas de gran peso.

El toricantano Marco Pérez rubricó una faena de absoluta entrega y disposición en la tarde de su esperada presentación en esta plaza. Se midió ante un astado que, si bien atesoraba cierta clase y nobleza en sus embestidas, andaba algo justo de fuerzas y exigía mucho pulso. El salmantino derrochó actitud, entregándose por completo y tocando con suma suavidad para buscar llevar la embestida siempre muy larga y por abajo, cuidando la frágil condición del animal. A la hora de la suerte suprema, recetó una estocada un poco trasera y tendida que no enfrió en absoluto los ánimos del tendido. Aunque el público solicitó con insistencia el doble trofeo, la presidencia optó por la mesura, aguantó la fuerte petición y dejó el justo premio en una oreja de mucho mérito.

Alejandro Talavante salió espoleado a recibir a su segundo oponente, dejando de salida un manojo de suaves verónicasque despertaron rápidamente las ilusiones. Sin embargo, el desarrollo posterior de la lidia no llegaría a alcanzar las cotas deseadas ni a tener excesivo eco entre el público que abarrotaba el Coso de San Roque. La razón principal fue la deslucida condición del toro, al que le faltó clase, ritmo y fondo para aguantar la exigencia. Lo más destacado con la pañosa surgió toreando al natural, terreno en el que el pacense logró extraer algunos muletazos de bello trazo, robados casi de uno en uno. El colofón llegó con los aceros: una gran estocada que atronó de forma instantánea al ejemplar de la divisa madrileña fue el detonante para desatar una petición en aumento, más que suficiente para que cayera una oreja a la espuerta del diestro.

Midiendo su enorme ambición, Andrés Roca Rey salió a revienta calderas para lidiar al quinto de la tarde, al que recibió manejando el capote con primor para lancear a la verónica de inicio, rematando la serie con detalles de gran belleza plástica. Con la franela en la mano, la declaración de intenciones fue total desde el primer muletazo. Tras dirigirse al centro del ruedo y donde brindó la faena al público, protagonizó un arranque de infarto al echarse de rodillas en los mismos medios, citando al toro desde la larga distancia y pasándoselo por los lomos con asombrosa firmeza. La obra discurrió con enorme mando y transmisión, cuajando una faena de triunfo grande que, lamentablemente, fue emborronada de un plumazo por el fallo con la espada al primer encuentro. A pesar del tremendo esfuerzo, la consecuente leve petición desde el tendido no alcanzó la intensidad reglamentaria, impidiendo la concesión de un apéndice que parecía seguro antes de tomar el estoque.

El cierraplaza de la feria se encontró con un impetuoso Marco Pérez que salió a morder y desbordando tremendas ganas de triunfo. Ese exceso de revoluciones y ambición juvenil desordenaron por momentos la estructura de la faena ante un astado remiso, al que le costaba un mundo repetir las embestidas en la muleta y tendía a salir desentendido de las suertes. Tirando de inteligencia lidiadora y lectura de los terrenos, el salmantino se llevó al toro hacia la calurosa zona de las peñas. Al abrigo de esa conexión popular, el ambiente se encendió y le jalearon con fuerza cada pase arrancado a base de pura tenacidad. Tras despachar a su oponente con una estocada trasera y caída, consiguió sumar el último premio de la feria pontevedresa: una oreja en el límite del rigor, pero reclamada y avalada de forma muy mayoritaria por un público totalmente entregado a su heroica disposición.

Ficha del Festejo:
- Plaza: Coso de San Roque, Pontevedra. Segundo y último festejo de la feria. Lleno en los tendidos.
- Ganadería: Toros de Victoriano del Río y Cortés (2º). De presentación y juego desigual; destacando por su buen juego el segundo y careciendo de fondo y clase el resto.
- Alejandro Talavante: Leves palmas y oreja.
- Roca Rey: Dos orejas y Silencio.
- Marco Pérez: Dos orejas y oreja.
- Entrada: No hay billetes
