Manuel Quintana se ha coronado como rotundo triunfador del Circuito de Novilladas de Andalucía 2026 tras cuajar una tarde de auténtica consagración en el albero de La Malagueta. El novillero cordobés exhibió un temple y una madurez arrolladores frente a los astados de López Gibaja en una final histórica que también sirvió para despedir con honores a Julio Norte antes de su inminente alternativa en Francia.
Abriendo plaza y por riguroso orden de lidia, actuó Julio Norte, quien dejó patentes destellos de su sobrada capacidad lidiadora y su enorme inteligencia frente a su lote. Tras una labor firme en su primero, brilló con luz propia ante el cuarto de la tarde, al que logró cortarle una meritoria oreja tras una faena madura y bien estructurada.
Para él, esta final malagueña supone el brillante cierre a su etapa con los del castoreño. Esta próxima semana vivirá el día más importante de su trayectoria al tomar la alternativa en la prestigiosa feria taurina de Dax, en Francia. Dar el salto a matador de toros en una plaza de primera categoría en el país galo es un broche de oro inmejorable y un reto mayúsculo para el que ha demostrado estar plenamente preparado.
En segundo lugar intervino el gran protagonista y triunfador del festejo, Manuel Quintana, demostrando que su toreo se cimenta en la más absoluta pureza. Al segundo de la tarde lo recibió con una larga cambiada de rodillas algo accidentada, ya que el novillo se le vino muy recto. Sin embargo, rápidamente se repuso para mecer los brazos en un ramillete de verónicas de un gusto exquisito.
Este primer utrero, enclasado y obediente, permitió al cordobés desplegar una faena de gran calado. Los mejores momentos llegaron toreando sobre la diestra, componiendo la figura con estética y mandando sobre las embestidas con un temple innato. Tras una estocada al segundo intento, paseó su primera oreja.
En el quinto de la tarde, Quintana evidenció un valor seco y rotundo ante un animal áspero. El astado midió muchísimo y acometió con evidente peligro desde su salida por chiqueros. Tanta fue la dificultad impuesta que el subalterno Curro Javier tuvo que exponer una barbaridad, dejando dos pares soberbios que le obligaron a saludar una merecida ovación.
Lejos de amilanarse, el novillero resolvió las complicaciones pisando terrenos muy comprometidos con tremendo relajo y torería. Cobró otra estocada al segundo encuentro que le valió su segunda oreja y la victoria final absoluta del certamen.

Manuel Quintana sosteniendo un apendice en su primer utrero
Cerrando el cartel compareció el tercer espada, Dennis Martín, quien se topó con un lote exigente que no le puso las cosas nada fáciles ni en el tercero ni en el sexto astado. A pesar de las enormes complicaciones de sus novillos, el joven lidiador se esforzó en todo momento y no se dejó ganar la pelea, mostrando una gallardía innegable y unas enormes ganas de agradar a los tendidos malagueños.
Su enorme voluntad completó una final andaluza histórica en la que la afición supo reconocer el esfuerzo de toda la terna, pero en la que aclamó por encima de todo a un pletórico Manuel Quintana, dueño indiscutible de la tarde y merecido triunfador del ciclo.
Con el arrastre del último astado, se clausura mucho más que un certamen; se cierra un ciclo que se erige como testimonio innegable de que el rito de la tauromaquia trasciende al tiempo. La perpetuidad de la fiesta queda garantizada por una savia nueva que asume el toreo no solo como profesión, sino como un compromiso vital. Málaga fue testigo de una auténtica liturgia colectiva, donde unos tendidos rebosantes comulgaron con la verdad del ruedo, resucitando la atmósfera de las tardes eternas y dejando grabada en la memoria una impronta de absoluta trascendencia.
