El reloj marcaba la hora taurina en el coso del Pino y Sanlúcar de Barrameda se vestía de época para celebrar su ya consolidada y singular VIII Corrida Magallánica. El paseíllo se abrió con una estampa para el recuerdo. La alguacililla Rocío, a lomos de su yegua Rociera, irrumpió en el ruedo ataviada como un piquero de los viejos Tercios de Flandes. Un guiño histórico que predispuso a los tendidos para una tarde de emociones fuertes. En chiqueros, aguardaba la legendaria divisa de Zahariche.
Abrió plaza Octavio Chacón ante Bolichero, un astado que permitió al diestro gaditano lucirse en el recibo capotero, arrancando los primeros y calurosos aplausos de la tarde. En la muleta, el toro sacó a relucir esa bravura encastada y compleja propia de la casa Miura. Chacón, lidiador nato y gran conocedor del encaste, supo dominar las embestidas y hacerse el amo de la situación a base de oficio. La complicación máxima llegó con la espada. El infortunio con los aceros le obligó a entrar a matar en repetidas ocasiones, escuchando dos avisos y dejando silencio en la plaza.
Se resarció Octavio Chacón en el cuarto. Un toro de bella lámina pero con las fuerzas medidas durante los primeros tercios, lo que provocó las protestas de un sector del público que pidió su devolución. El presidente, con buen criterio, lo aguantó en el ruedo y el tiempo le dio la razón. Un primer tramo de cuidar y sujetar a su oponente fue fundamental para afianzarlo. A partir de ahí, brotó el toreo caro. Surgieron tandas por ambos pitones cargadas de ligazón, temple y abandono por momentos. Caló mucho el toreo de Chacón, sobre todo en los naturales, citando de frente y con el compás abierto. Una gran estocada puso la rúbrica a una faena intensa y torera, y la plaza, de manera unánime, exigió las dos orejas.
El sevillano Pepe Moral sorteó en segundo lugar a un toro con el que dejó grandes momentos con el capote. Ya en la muleta, encontró un filón de oro por el pitón izquierdo. Al natural, el sevillano se relajó y disfrutó de lo lindo, tal y como él mismo hizo saber a los micrófonos de Canal Sur. Tras un primer pinchazo con el acero, dejó un gran estoque en el segundo intento que le permitió pasear el primer apéndice de la tarde.
La emoción máxima para Pepe Moral llegaría con el quinto, un ejemplar de nota alta. El astado se arrancó con brío al caballo hasta en tres puyazos, viniéndose desde lejos y dando continuidad a la importancia concedida a la suerte de varas. Moral supo ponerlo en valor y construyó una faena firme, de torero macizo. Inteligente para exprimir la clase del de Miura, encadenó tandas de buen trazo y notable autoridad. Coronó la obra con una estocada certera que le valió las dos orejas.
Llegó el ecuador de la tarde con la comparecencia de Daniel Crespo. El portuense venía de deleitar en una gran feria en su tierra natal y no defraudó. En su primero, dejó patente su seña de identidad en un personalísimo recibo de capote. Con la muleta, finalizó una gran faena rebosante de gusto que le permitió cortar una oreja.
En sexto lugar saltó al ruedo Buhonero, un auténtico pavo que como cierraplazas alcanzó los 660 kilos. Daniel Crespo lo saludó con un recibo capotero añejo. A pesar de la envergadura del de Miura, el joven diestro gaditano volvió a disfrutar en la muleta dejando pasajes de mucha belleza. Al igual que en su primer toro, tuvo que usar el descabello, pero la actitud desplegada redondearon su labor.
Al término del festejo, se vivió la estampa soñada. Octavio Chacón, Pepe Moral y Daniel Crespo salieron por la Puerta Grande. Una terna pletórica que, superando el reto de la legendaria divisa, consiguió dar la vuelta al mundo en la gloriosa e histórica VIII Magallánica.
FICHA DEL FESTEJO:
Octavio Chacón: Silencio tras dos avisos y Dos orejas.
Pepe Moral: Una oreja y Dos orejas.
Daniel Crespo: Una oreja y Una oreja
