La plaza de toros de El Burgo de Osma registró más de tres cuartos de entrada en la tercera de su feria taurina en una jornada donde la expectación estaba servida ante los astados de José Enrique Fraile de Valdefresno. La corrida exigió lo mejor de cada matador y dejó una tarde de contrastes, de mucho esfuerzo físico y de una auténtica eclosión artística de la mano del más joven de la terna.
El encargado de abrir plaza fue Miguel Ángel Perera quien se topó en primer lugar con un animal completamente vacío de casta y sin ningún fondo. El toro de la divisa charra apagó sus motores muy pronto y dejó al diestro extremeño sin materia prima para estructurar su obra. A pesar de las nulas opciones el maestro estuvo siempre correcto, templado y muy técnico aplicando toda su sabiduría lidiadora para intentar extraer algún muletazo limpio de un pozo seco. Fue una faena sustentada enteramente en su enorme oficio donde brilló más la férrea voluntad que el lucimiento estético. Tras pasaportar al animal la labor del veterano torero fue silenciada por el respetable.
En segundo lugar saltó al ruedo un astado de marcada mansedumbre que correspondió a Borja Jiménez. El torero sevillano no dudó un instante y demostró una encomiable actitud desde el primer lance. A base de tragar mucho y tirar de recursos supo imponerse a la condición huidiza del animal para lograr ligar tres tandas profundas por el pitón derecho. Esos derechazos tuvieron largo trazo, mucha hondura y una gran transmisión que llegó con enorme fuerza a los tendidos levantando los encendidos aplausos del público. Jiménez exhibió una firmeza absoluta y una notable capacidad para exprimir las escasas virtudes de su oponente. Lástima que a la hora de entrar a matar dejara una estocada defectuosa que requirió el uso del descabello pero su indudable entrega le valió para cortar una meritoria oreja mientras el toro era arrastrado en medio del silencio.
La gran explosión de la tarde llegó en el tercer capítulo de la corrida con la irrupción estelar de Jarocho. El joven espada firmó una faena absolutamente exquisita y memorable ante el mejor ejemplar de todo el encierro. Desde que se abrió de capa el diestro dejó claro su magnífico momento al dibujar unas verónicas de gran expresión y encaje rematadas posteriormente con un quite por chicuelinas ajustadísimas que levantaron clamores en los asientos. Ya con la muleta en la mano cuajó al astado por ambos pitones con un gusto supremo derrochando temple, empaque y una torería que denota a un espada cada vez más maduro. La obra estuvo plagada de detalles hermosos y muchísima personalidad. Como rúbrica a esta actuación de altos vuelos recetó un estoconazo entero y letal que hizo asomar de golpe todos los pañuelos logrando pasear dos orejas indiscutibles. El bravo toro fue premiado con los merecidos honores de la vuelta al ruedo en el arrastre.
El cuarto toro de la tarde trajo consigo mayores esperanzas para Miguel Ángel Perera ya que el animal evidenció una buena condición y resultó muy manejable en el último tercio. El extremeño, fiel a su impecable línea de magisterio y capacidad lidiadora, estructuró una labor tremendamente asentada. Supo entender a la perfección los terrenos y las alturas que pedía el astado aprovechando cada virtud en una faena dictada por la medida y el muchísimo temple. Hubo pasajes de gran rotundidad que hacían presagiar un triunfo seguro pero la suerte suprema se convirtió de nuevo en su peor enemiga. Tras señalar dos pinchazos dejó una estocada que hizo guardia al tercer intento, lo que enfrió por completo a los espectadores y redujo el posible premio a una cálida ovación, siendo el astado despedido con palmas.
En el quinto turno Borja Jiménez se enfrentó a un toro mucho más exigente y de embestidas nada fáciles. El sevillano volvió a derrochar disposición y mucha firmeza en los tercios iniciales. Durante la faena de muleta consiguió robar notables y meritorias tandas bajando la mano y obligando a un animal que no regalaba ninguna embestida. Al ver que el astado comenzaba a rajarse y la faena corría el riesgo de perder intensidad el diestro optó por acortar las distancias y pegarse un valiente arrimón metiéndose directamente entre los pitones con el claro objetivo de volver a conectar con la afición. El arrojo fue por demás evidente pero nuevamente los aceros le jugaron una mala pasada tras dejar una estocada defectuosa que dejó su balance final en silencio, idéntico veredicto que el recibido por el toro.
Cerró el festejo taurino el sexto astado, un animal incierto, de embestidas desiguales y bastante deslucido que venía a poner a prueba el auténtico fondo de Jarocho. Lejos de amilanarse o conformarse con el rotundo triunfo previo el torero planteó una actuación de suma seriedad. Supo resolver la difícil papeleta que le presentó el astado manteniéndose firme en sus talones en todo momento. A base de aguantar pacientemente las miradas del animal logró cuajar pasajes de toreo clásico y de excelente concepto demostrando que no solo sabe interpretar el toreo estético ante toros buenos sino que también posee el valor necesario para imponerse a los ejemplares más complicados. El final de la lidia llegó mediante una estocada ligeramente desprendida pero de efectos fulminantes lo que convenció rápidamente al palco para concederle una última oreja que redondeaba una tarde verdaderamente soñada para él. El último toro fue despedido en silencio poniendo fin a un festejo marcado por la salida a hombros de la gran promesa burgalesa.
FICHA DEL FESTEJO
Entrada: Tres cuartos de plaza
Toros: José Enrique Fraile de Valdefresno
Miguel Ángel Perera:silencio y ovación.
Borja Jiménez:oreja y silencio.
Jarocho: dos orejas y oreja.
