La sala Antonio Machado se quedó pequeña para acoger el mano a mano entre Curro Vázquez y Pablo Aguado. Una larga fila de aficionados se quedó fuera, confirmando la enorme expectación que había despertado el encuentro entre dos toreros unidos por el arte, el temple y una relación personal y profesional muy especial.

El acto fue presentado por José Enrique Moreno, que abrió la velada con un breve sumario y la presentación de los maestros. Abrió turno Curro Vázquez, saludando a los presentes, y después tomó la palabra Pablo Aguado, que rememoró la etapa de apoderamiento que ambos compartieron.
Aguado explicó que con Curro hablaba lo justo en la plaza, porque “el conocimiento tiene que venir entrenado”. También desarrolló su manera de prepararse, basada en soñar la faena que busca, insistiendo en que “para mí es muy importante soñar la faena perfecta”.
Curro contó que fueron sus hijos quienes le animaron a ser apoderado, primero de Cayetano y después a seguir vinculado al toreo desde ese lado. Recordó además un gesto de Cayetano con Pablo Aguado en Lima, cuando le cambió un toro complicado cuando éste estaba empezando, como ejemplo del buen fondo humano del torero.
José Enrique Moreno citó la reaparición de Curro Vázquez en el festival de Antoñete en Madrid y la gran campaña pasada realizada por Pablo Aguado. Curro calificó aquella reaparición como “una locura de un cuerdo” y confesó que, antes de reaparecer, le dijo a Morante que “me daba mucha vergüenza que el toro me atropellara o torpearle en la cara”.
Sobre cómo se preparó para la cita del 12 de octubre, Curro explicó que andaba, pensaba y toreaba de salón. Aguado añadió que hay una forma de entrenar que es soñar la faena que buscas, porque para él “es muy importante soñar la faena perfecta”.
Pablo contó que vio al maestro tentar muchas vacas ese verano y recordó una anécdota en presencia de El Juli, cuando Curro cuajó dos vacas y éste le dijo que ni siquiera había tenido que estirarse. Para Aguado, el 12 de octubre fue una demostración de que “lo clásico no pasa de moda”.
José Enrique Moreno también aportó una anécdota personal en El Puerto con Pablo. Aguado afirmó que “no entiendo el toreo como competición, mi objetivo es estar mejor que el compañero” y que “no busco ser sustituto de nadie”.
Curro respondió que “el objetivo no es copiar, es aprender”. Recordó que su padre le hablaba mucho de Pepín Martín Vázquez, que para él fue un espejo en el que mirarse. Contó que su madre decía que quería ser César Girón y que sus referentes han sido Manolo Vázquez y Ordóñez.
Evocó también sus comienzos con Rafael Torres y sus experiencias en México, donde conoció a Gaona y a Calesero. Relató con humor cómo El Pipo le pidió que explicara a un torero cómo había que entrar a matar porque no entraba a matar, entraba a pinchar, lo que levantó las risas del público. Dijo que el que más le gustaba en México era Lorenzo Garza, por el arte que tenía incluso hablando.
Curro defendió que “con el temple se le puede a los toros”. Pablo apoyó esa idea recordando cómo Espartaco padre toreó una becerra que nadie se atrevía a lidiar y, con el temple, le pudo. Curro aseguró que en Pablo vio el temple desde el principio y que, en ese sentido, se sienten muy parecidos. También reconoció que irse a la puerta de chiqueros no entra dentro de su concepto, aunque lo admire mucho porque él nunca tuvo valor para hacerlo.
Aguado señaló que “los toreros que hacen cosas que yo no soy capaz de hacer tienen todo mi respeto”.
El presentador citó lo que dice ChatGPT sobre Pablo Aguado: no es un torero de pelea, sino de armonía. Pablo, entre risas, comentó que no lo vio de novillero dando faroles.
Preguntados por las dudas en la carrera, Curro confesó que muchas veces pensó en retirarse, que era raro el año que no se retiraba si las cosas no salían, pero que luego toreaba de salón, cuajaba un toro y resurgía. Pablo añadió que “a veces uno mismo se boicotea y tienes que luchar contra ti mismo para tirar hacia delante”.
Curro explicó que el maestro es el veterano, el que está consolidado, y que no le gusta llamar maestro a un chaval que acaba de tomar la alternativa. Añadió que para los toreros de arte es importante esperar y que cuando llega esa faena el aficionado se da cuenta del valor de la espera. También afirmó que “el toreo evoluciona, cambia, pero mejor que antes no se torea”.
Aguado dijo que ser torero de la línea del maestro es algo muy grande para decirlo él. Curro señaló que el cambio es ilusionante y que José María Garzón sabrá dirigir la Maestranza hacia su mejor destino.
Pablo habló del equilibrio entre trapío y proporción del toro, señalando que a veces parece que no cabe en la muleta, pero que gracias a la genialidad de los ganaderos ese tipo de toro está embistiendo, y que a esos toros hay que bajarle más la mano y darle un trato especial.
Curro remató diciendo que “lo primero que hay que cuidar es el toro”. Destacó el mérito de los ganaderos por aguantar las condiciones económicas tras el COVID, algo que calificó de admirable y representativo de la grandeza del campo bravo.
Finalmente, Pablo recordó con cariño su etapa de apoderamiento junto a Morante, asegurando que mentalmente estaba mejor que nunca y que disfrutaba viéndolo torear antes, durante y después de cada tarde, una etapa en la que Curro Vázquez fue quien ejerció como apoderado del torero de La Puebla.
La gala concluyó con la visión de ambos sobre el cambio de gestión de la Real Maestranza de Sevilla. Curro Vázquez señaló que el relevo es ilusionante y que José María Garzón sabrá dirigir la plaza hacia su mejor destino, como ya ha demostrado en otros cosos. Pablo Aguado coincidió en que el cambio puede ser positivo para el toreo y para Sevilla, siempre desde el respeto a la esencia de la plaza.

