Urdiales

Urdiales, un oasis de toreo en Logroño

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Diego Urdiales dejó lo más macizo de la tarde en Logroño. Dos orejas paseó el riojano,
aunque el resultado numérico no terminó de hacer justicia a lo sucedido con el cuarto: la
tarde debió saldarse con tres orejas, una del primero y las dos que mereció del cuarto. Roca Rey obtuvo un trofeo y Aarón Palacio se quedó sin premio ante dos toros que tampoco le ofrecieron demasiadas opciones.

El primero tuvo buena condición, aunque le faltó ese tranco de más que sostiene la faena y
permite que las series adquieran continuidad. Urdiales lo llevó con temple y buen gusto, sin
violentar una embestida que por momentos tuvo nobleza, pero a la que faltó fondo. Hubo
muletazos de buen tono por ambos pitones, con mayor poso en los naturales. La faena
acabó perdiendo algo de medida en sus dos últimas series y sonó un aviso antes de entrar
a matar. Se fue a los medios y, allí, ejecutó un volapié de extraordinaria pureza, en una
imagen que recordó a Paquirri. El toro rodó sin puntilla. Oreja.


Al cuarto le encontró Urdiales el sitio y, sobre todo, la manera de gobernar una embestida
que no vino hecha. Toro manejable, pero rebrincado, exigió precisión en los toques y en las
alturas. El riojano fue corrigiendo la trayectoria sin quitarle naturalidad hasta conseguir que
el animal terminase pasando con mayor limpieza. Por la izquierda encontró el toreo de
mayor entidad, con gusto, cadencia y una manera de cargar la suerte que dio verdadera
dimensión al trasteo. La serie de frente fue el punto culminante.

Urdiales


La estocada estuvo a la altura de la faena, ejecutada con una limpieza que pocas veces se
ve. Era faena de dos orejas. La fuerte petición de la segunda no fue atendida por el palco,
que acabó recibiendo una monumental bronca. Una sola oreja para Urdiales, cuando la
tarde pedía otra lectura.


Roca Rey tuvo delante en el segundo un toro muy justo de carnes, afligido y con escaso
fondo de raza. El peruano entendió pronto que el triunfo pasaba por reducir las distancias y
construir la faena en las cercanías. Fue una labor de corte efectista, sustentada en la
exposición y en la capacidad del torero para meterse en los terrenos del toro. Una estocada
desprendida al primer intento puso fin a la faena. Oreja con una petición importante de la
segunda, nuevamente desatendida.


El quinto no tuvo la misma condición. Fue un toro de poca entrega, cuya tendencia a
calamochear se hizo cada vez más acusada. Roca Rey no terminó de acoplarse. Buscó la
manera de sujetar aquella embestida, pero, mediada la faena, un desarme terminó de
alterar la conducta del animal, que se volvió más áspero y violento. A partir de ahí, el trasteo
quedó prácticamente sentenciado. Estocada desprendida y silencio.


Aarón Palacio tuvo que cargar con el tercero, el peor toro de la corrida hasta ese momento.
La falta de fuerza condicionó por completo su comportamiento: cabeceaba, acortaba el viaje
y no permitía que la muleta se asentara delante de él. El maño anduvo dispuesto, pero la
condición del animal apenas le dejó margen para otra cosa que intentarlo. Estocada
defectuosa y silencio.

El sexto tampoco ayudó. Palacio cuajó al toro de salida con el capote, en un gran recibo a la
verónica, pero en la muleta se encontró con un animal que no acababa de meterse en los
vuelos, hacía mucho hilo y llegaba al paso, negándole la posibilidad de quedarse quieto y
desarrollar el toreo que pretende. El torero, sin embargo, no se descompuso. Insistió con
oficio, voluntad y ese punto de desparpajo necesario para no venirse abajo cuando el toro
no permite torear. Dos pinchazos precedieron a una estocada caída. Silencio.

La corrida dejó, por tanto, una actuación de Urdiales que tuvo en el cuarto su expresión más
acabada. Roca Rey resolvió desde la exposición en las cercanías y Aarón Palacio tuvo que
tirar de recursos y disposición ante dos animales que poco le concedieron. Una tarde de
matices distintos, pero con un claro protagonista en el toreo de Diego Urdiales.

FICHA DEL FESTEJO

  • DIEGO URDIALES, oreja tras aviso y oreja con petición de la segunda
  • ROCA REY, oreja con petición de la segunda tras aviso y silencio
  • AARÓN PALACIO, silencio tras aviso y silencio

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