Tras el letargo veraniego, las puertas de la Real Maestranza de Caballería vuelven a abrirse para cerrar una temporada histórica
La vuelta a la rutina, para el que goza de vacaciones, nunca es fácil. Esta ciudad que parece apagada al llegar el solsticio, vuelve poco a poco a recobrar su actividad y su más que peculiar manera de ver la vida. Al llegar el otoño, de la mano de las Glorias, las “velás” y diversas fiestas populares, Sevilla vuelve a parecerse a Sevilla, y Sevilla no es Sevilla sin toros. Estas idas y venidas, desorden otoñal y cambios bruscos de la vida cotidiana, solo tienen una solución: toros en Sevilla.

Si a José María Garzón le hubiesen contado allá por abril el impacto taquillero que iba a tener su primera temporada como empresario en Sevilla, lo hubiera firmado con los ojos cerrados. Desde la fecha del Domingo de Resurrección, han sido múltiples las sucesivas tardes de “no hay billetes” en el Coso del Baratillo. De la mano de las máximas figuras del toreo, la Maestranza lució su imponente lleno en gran parte de las corridas de preferia y feria, notándose también un aumento de asistencia en corridas de supuesto menor interés para los aficionados. Gran parte de este impulso taquillero viene dado por la oportunidad que los aficionados más jóvenes han tenido esta temporada, un nuevo abono joven, que ha sido un éxito entre los aficionados de hasta 23 años. En tiempos de censura taurina, Sevilla volvió a demostrar que los toros no pasan de moda.

Esta temporada no solo quedará en la memoria del sevillano por su inapelable potencia taquillera, lo hará también por la cantidad de buen toreo que el albero ha sustentado. Lejos quedan ya las faenas más importantes de las semanas de feria, desde el innegable valor de Roca Rey, pagado con sangre, hasta la gran dimensión que mostró Borja Jiménez, asentado ya como figura del toreo en el escalafón actual. Otra vez, David de Miranda fue el único torero en salir mirando al Guadalquivir, regalándonos el recuerdo de la magistral embestida de “Secretario”. Pero sin duda, esta temporada está quedando marcada por una figura, un mito, una leyenda viva que sigue aumentando su historia en el coso maestrante.

Morante de la Puebla, un año más, se ha echado el peso del abono a su espalda, respondiendo capote y muleta en mano a toda la expectación generada en torno a su figura. 4 tardes, 6 orejas, una Puerta del Príncipe y una faena histórica aquél 16 de abril a “Colchonero”, de Álvaro Núñez. No tiene quien escribe adjetivos a la altura para describir lo que esa tarde se vivió en El Arenal. Habiendo vivido todo esto, nos queda un último bastión; nos queda San Miguel.
Una nueva primavera. Una nueva cuaresma, una nueva ilusión es la que se palpa en la emoción del sevillano al saberse privilegiado de poder disfrutar de nuevo de los toros en su plaza. Los protagonistas de estas últimas fechas, llegan en diversas situaciones a este final de temporada. Olga Casado, Ignacio Garibay y Manuel Domínguez buscan hacerse un hueco en el futuro abono novilleril sevillano con una novedosa oportunidad de máxima expectación. Por su parte, Talavante y Manzanares vuelven a compartir cartel con la necesidad de poner al público a su favor, ya visiblemente cansado de la monotonía en las últimas comparecencias de los veteranos diestros. Parecido es el caso de los locales Ortega y Aguado, quienes no han conseguido lograr un triunfo importante en plazas como Madrid, Pamplona o la propia Sevilla, donde el aficionado les sigue esperando, conscientes que ostentan el hilo del toreo en sus manos. Emilio de Justo, Borja Jiménez y Daniel Luque buscan seguir demostrando porqué los aficionados siguen buscándolos en los carteles de mayor interés. En otro escalón, encontramos a Roca Rey y a Morante, que tienen la última oportunidad de demostrar en Sevilla el motivo por el que son las mayores bazas taquilleras del escalafón.

Para el veterano aficionado que quizás no sepa que será su última tarde en el tendido. Para el que vió a Curro y hoy ve a Morante. Para el chiquillo que va por primera vez de la mano de su abuelo. Para el abonado habitual que piensa que pasará por un mero trámite, consciente que solo un natural puede arrancarle una sonrisa. Para el joven que vive su primer año como abonado en la plaza más bonita del mundo. Para todos, para Sevilla, vuelven los toros en la Real Maestranza de Caballería.
