Hay tardes que se sostienen por un resultado y otras que terminan justificándose por un puñado de muletazos. La de Logroño tuvo algo más: tuvo una faena de Diego Urdiales de esas que permanecen cuando ya se ha disipado el ruido de la plaza.
El riojano salió a por todas en el cuarto, después de haber dejado sin premio su actuación con el primero. Recibió al de Domingo Hernández con el capote con la naturalidad de quien no necesita apresurarse para demostrar nada. Hubo verónicas hondas, ganando terreno sin perder compostura, y después un quite en el que siguió mandando el mismo concepto.

La faena de muleta fue creciendo sin necesidad de golpes de efecto. Urdiales entendió pronto la embestida y comenzó a llevarla con los vuelos, reduciendo progresivamente el viaje hasta conseguir que el toro terminara siguiendo la muleta casi al paso. Ahí apareció el toreo grande: el que no consiste en hacer más, sino en conseguir que cada cosa parezca inevitable. El toreo, en definitiva.
La derecha tuvo temple y mando. La izquierda, todavía más. Urdiales se quedó colocado, dejó correr la mano y encontró varias series de una profundidad que pocas veces conceden los toros cuando la faena está tan avanzada. El final, a pies juntos, fue el resumen perfecto de una faena construida desde la colocación y la naturalidad. La estocada, aunque algo caída, puso las dos orejas en sus manos y abrió por fin una Puerta Grande que el día anterior se le había escapado por decisión presidencial.

Había tenido que sudar antes con el primero de Garcigrande. Toro exigente, de esos que obligan a estar pendiente de cada embroque, que no permitía relajarse y que por el izquierdo se venía por dentro. Urdiales lo fue sujetando a base de colocación y oficio hasta conseguir dos series de buen trazo por la derecha. Cuando el toro perdió parte de su ímpetu, el torero pudo quedarse más quieto y ligar mejor. La faena, sin embargo, terminó naufragando con la espada.
También tuvo su momento Alejandro Talavante. El extremeño encontró en el quinto otro toro de Domingo Hernández con el que pudo desarrollar ese toreo suyo de toreo accesorio, improvisación y cambio constante. Comenzó de rodillas en los medios y después fue construyendo una faena sin esquema demasiado visible, dejándose llevar por las respuestas del animal.

Hubo pasajes de gran personalidad, especialmente cuando Talavante rompió la cintura y dejó correr la muñeca. El final por bernadinas terminó de encender a una plaza que llegó a pedir las dos orejas. Pero el pinchazo previo a una estocada desprendida redujo el premio a una. La petición de la segunda no fue atendida por el presidente, que mantuvo su criterio pese a la protesta.
La tarde de Talavante había tenido antes muy poco recorrido. El toro titular de Alcurrucén fue devuelto después de evidenciar falta de fuerza y el sobrero de Hermanos García Jiménez tampoco ofreció al extremeño demasiadas posibilidades. Talavante abrevió y la faena quedó reducida a poco más que un trámite.

Fabio Jiménez, por su parte, volvió a enseñar que su sitio no debería limitarse a las plazas de segunda línea. El tercero, de La Ventana del Puerto, le permitió desarrollar un toreo especialmente interesante con la izquierda. El riojano toreó con las plantas asentadas, dejó pasar al toro por delante y, cuando consiguió olvidarse de buscar el muletazo perfecto, aparecieron los mejores.
Tiene Jiménez gusto y una manera clásica de entender el toreo. Todavía necesita ganar continuidad y terminar de ajustar algunas distancias, pero hubo momentos en los que la faena tuvo verdadera personalidad. Una oreja después de una estocada al segundo intento.

Con el sexto tuvo que sacar recursos distintos. El de Carmen Lorenzo se movió con escaso empuje y Jiménez tuvo que provocarle las arrancadas, buscando el pitón contrario. A medida que avanzó la faena encontró alguna respuesta más y volvió a manejar con soltura la mano izquierda. La espada fue buena; el descabello, no. Y con él se fue el premio.
La corrida dejó, por tanto, una conclusión bastante clara. Fabio Jiménez sigue pidiendo sitio con argumentos propios; Talavante dejó una de esas faenas que dividen entre quienes se entregan al talento y quienes exigen mayor profundidad; y Urdiales volvió a demostrar que, cuando encuentra un toro al que puede torear como él quiere, su concepto continúa teniendo una vigencia absoluta.

FICHA DEL FESTEJO
Plaza de toros de Logroño, La Rioja – Corrida Concurso. Tercer festejo de la Feria de San Mateo 2026. Dos tercios de entrada. Toros, por orden de lidia, de Garcigrande, Hnos. García Jiménez, La Ventana del Puerto, Domingo Hernández (4º y 5º bis) y Carmen Lorenzo, desiguales de presentación y de juego. Tercero, cuarto y quinto fueron los de mayores opciones.
• DIEGO URDIALES, silencio tras aviso y dos orejas
• ALEJANDRO TALAVANTE, silencio y oreja
• FABIO JIMÉNEZ, oreja y silencio
