El encuentro, moderado por José Enrique Moreno, sirvió para reflexionar sobre los vínculos, el miedo y la preparación común entre el fútbol y la tauromaquia
El patio de butacas de la Fundación Cajasol volvió a registrar un lleno absoluto para acoger una cita ya emblemática en la agenda cultural hispalense: la edición número 78 de los ‘Mano a Mano’, encuentros dirigidos y moderados por el periodista José Enrique Moreno desde 2007. En esta ocasión, el formato habitual dio un giro inédito al sentar en el escenario al exfutbolista y entrenador alemán Bernd Schuster junto al reconocido periodista taurino David Casas, uniendo dos universos que comparten mucha más pasión, técnica y psicología de lo que a simple vista parece.
La velada arrancó rompiendo esquemas ante la pregunta retórica que el propio astro teutón lanzó al auditorio sobre qué hacía un alemán hablando de toros. David Casas argumentó la trascendencia de que una figura del deporte internacional defienda y se emocione abiertamente con la Tauromaquia, sirviendo de referente para las nuevas generaciones. Por su parte, Schuster rememoró sus orígenes taurinos, los cuales se remontan a un tentadero en la finca de Jesús Gil en Talavera y a sus vivencias en la casa de la familia Bohórquez, donde descubrió a Manuel Benítez ‘El Cordobés’. Desde entonces, su afición no ha dejado de crecer, declarándose admirador absoluto de José Tomás como el torero de su vida y mostrando su deseo explícito de conocer a Juan Ortega.
El diálogo navegó de forma fluida por los paralelismos entre la alta competición deportiva y el arte de la lidia. Ambos ponentes coincidieron en que la preparación física es la base sobre la que se asienta la seguridad mental, destacando el creciente interés de espadas como Emilio de Justo por profesionalizar sus rutinas al nivel del fútbol de élite. Sin embargo, el punto de mayor contraste llegó al abordar la psicología del deportista, donde Schuster confesó que en el fútbol se siente responsabilidad y presión, pero nunca el miedo real que sufren los toreros en el callejón. Casas reforzó esa idea evocando la atmósfera sobrecogedora de las habitaciones de hotel y los patios de cuadrillas antes de hacer el paseíllo.
El acto estuvo aderezado con sorpresas en pantalla a través de testimonios en vídeo de varias figuras del escalafón. Borja Jiménez recordó cómo conoció a Schuster entrenando en las orillas del río en Salamanca, Manuel Escribano retó distendidamente al técnico teutón a una partida de golf, y Emilio de Justo rindió su admiración por la trayectoria del mito germano. En un momento especialmente divertido, Casas se preguntó qué tipo de torero habría sido el alemán, a lo que Schuster respondió que se identificaba con la maestría y regularidad de Enrique Ponce. Casas, revelando que su padre fue torero, tiró de ironía al definirse como un torero de poco valor que se habría quedado detrás de la barrera para rematar carteles de medio pelo.
En el tramo final de la charla se abordaron cuestiones cruciales como la gestión del éxito, el uso del dinero, el vértigo ante la retirada y el papel de la suerte en ambas profesiones. Schuster relacionó la genialidad del toreo de arte con los tres futbolistas más geniales con los que ha compartido terreno de juego: Diego Armando Maradona, Zinedine Zidane y Ronaldinho, además de hacer un guiño a Morante de la Puebla destacando sus dotes con el balón. Para cerrar el encuentro, el preparador alemán repasó su trayectoria por los tres grandes de España —FC Barcelona, Real Madrid y Atlético de Madrid— y señaló a las plazas de Madrid y Sevilla como sus cosos predilectos, en un acto que concluyó con un emotivo reconocimiento a Feliciano Pérez, uno de los espectadores más fieles de estos encuentros culturales.

