La semana de Feria era la más esperada por los aficionados taurinos sevillanos, un momento en el que la Plaza de Toros de la Maestranza se convertía en el centro de atención. La expectación estaba especialmente marcada por el regreso de Morante de la Puebla, que ya había dejado grandes detalles artísticos en actuaciones anteriores, como un notable tercio de banderillas y una gran faena a “Colchonero”. Sin embargo, el fallo con la espada le impidió abrir la Puerta del Príncipe.
Durante la Feria, la ilusión del público por ver triunfos importantes no se cumplió. En la primera corrida, Morante fue gravemente herido por “Clandestino” de Hermanos García Jiménez, mientras Borja Jiménez también perdió el triunfo por su desacierto con la espada. En la segunda tarde, aunque Talavante y Daniel Luque cortaron orejas, no lograron un triunfo suficiente para abrir la Puerta Grande de la Maestranza.
Con ello se llegaba a la tercera corrida de la Feria, en la que estaban anunciados los diestros Diego Urdiales, Emilio de Justo y David de Miranda, con toros de El Parralejo. Ya en la previa de la tarde se intuía que algo importante podía ocurrir, ya que regresaba el triunfador de la Feria de Abril del año anterior, David de Miranda, quien no llegaba solo, sino arropado por su gente procedente de la provincia de Huelva. Pero antes de relatar lo sucedido aquella tarde del 22 de abril en la Plaza de Toros de la Maestranza, conviene recordar quién es David Pérez Sánchez.
David Pérez Sánchez, conocido como David de Miranda, nació en Trigueros (Huelva) el 13 de septiembre de 1993, un municipio donde la tauromaquia se vive con especial intensidad, impulsada por peñas taurinas como “La Divisa” o “Amigos del Mache”, y por la presencia de ganaderías como la de “Los Millares” o “Cuadri”. En ese entorno, parecía casi inevitable su vinculación con el mundo del toro. Desde muy joven pasó más tiempo en la ganadería de Cuadri que en su propia casa, hasta que finalmente debutó con caballos en 2014, logrando un triunfo en la Plaza de Toros de La Merced (Huelva). Un año después, tras cortar un rabo en las Colombinas, confirmó su proyección como novillero. Posteriormente, tomó la alternativa en su tierra, en Huelva, de la mano de José Tomás, en un traspaso de trastos de máxima relevancia que ya hacía presagiar que David de Miranda no sería un torero más dentro del escalafón.

Tras aquella brillante etapa inicial, en la que volvió a sumar triunfos importantes, David de Miranda continuó su proyección con éxitos en plazas como Sevilla y Madrid. Sin embargo, su carrera sufrió un duro golpe en Zamora, cuando el toro “Desencanto”, del Puerto de San Lorenzo, le hirió de gravedad, dejándolo inconsciente en el ruedo y provocando que su vida llegara a estar en serio riesgo. A pesar de la dureza del percance, el torero onubense logró recuperarse y volver a los ruedos con fuerza, firmando actuaciones destacadas en plazas como Nimes y Málaga. No obstante, su trayectoria volvió a verse interrumpida con la llegada de la pandemia de la COVID-19, un periodo que frenó su progresión en el momento en que parecía consolidarse. Tras ese parón, David de Miranda quedó relegado a un cierto ostracismo, habitual en la carrera de muchos toreros. Durante todo ese tiempo, sin embargo, nunca le faltó el apoyo de su tierra. Huelva permaneció fiel a su torero, llenando plazas en cada actuación en la provincia y agotando localidades en La Merced cada vez que hacía el paseíllo.
Fue el pasado año cuando aquellos que habían llegado a olvidarse de quién era David de Miranda volvieron a recordarlo y a ser testigos de lo que es capaz de hacer el diestro. Primero, en la corrida del 10 de mayo en Sevilla, donde logró abrir la Puerta del Príncipe tras una actuación de gran importancia. Más tarde, el 19 de agosto, en la plaza de Málaga, firmó otra tarde decisiva. En la faena al tercer toro de Victoriano del Río, de nombre “Enamorado”, el torero onubense se olvidó del cuerpo y toreó con el alma, pisando terrenos que pocos se atreven a explorar, poniendo a toda La Malagueta en pie con una faena en la que lanzó la moneda, jugándose la vida. Con estas actuaciones, David de Miranda volvió a situar su nombre en el epicentro del mundo taurino.

Una vez lograda aquella hazaña y volviendo a lo sucedido el pasado 22 de abril en la Maestranza, el matador tenía ante sí una oportunidad de oro para volver a demostrar la clase de torero que es, después de no haber podido lucirse en la corrida del Domingo de Resurrección debido a un mal lote. Y así fue. Salió al ruedo “Secretario”, un espectacular ejemplar de la ganadería de El Parralejo, al que el onubense cuajó por completo, firmando una gran actuación que le permitió desorejarlo gracias a una excelente tanda de naturales, desarrollando un toreo de mucha calidad, sin necesidad de recurrir a su habitual toreo de cercanías.
Tras cortar también un apéndice al otro toro de su lote, David de Miranda volvió a lograrlo: abrió por segundo año consecutivo la Puerta del Príncipe, llevado en volandas por una provincia que le quiere, le admira y nunca le ha dejado solo, como es la onubense.
Ante el panorama actual, en el que existe cierta preocupación por las bajas de dos de las máximas figuras del toreo, Morante de la Puebla y Andrés Roca Rey, conviene mantener la calma. Porque en medio de la incertidumbre aparece una realidad que ilusiona: la de un joven matador que sigue construyendo su nombre a base de verdad y entrega.
David de Miranda continúa el camino que un día imaginó aquel niño de Trigueros que soñaba con vestirse de luces, sin saber hasta dónde le llevaría la vida. Y hoy, cada paseíllo suyo no solo es la conquista de su propia historia, sino también la de quienes le han acompañado desde sus comienzos, y permítanme que me incluya, porque también está cumpliendo el sueño de todos los que lo hemos seguido desde sus inicios, viendo cómo aquel proyecto de torero iba creciendo, resistiendo y volviendo a levantarse una y otra vez.
David de Miranda no es solo presente: es una historia que sigue escribiéndose con el pulso firme de quien ha venido para quedarse.


