La tercera de la Feria de Fallas 2026 trajo a Valencia el siempre esperado encierro de La Quinta, una ganadería que suele ser sinónimo de fijeza y humillación, pero que en esta ocasión ofreció un juego marcado por la desigualdad y, sobre todo, por una preocupante falta de pujanza. Una tarde que presento dos tercios de entrada y fue un constante ejercicio de «querer y no poder» por parte de los astados, obligando a la terna a tirar de oficio, paciencia y, en el caso de David de Miranda, de una entrega que terminó por calentar los tendidos en el epílogo del festejo.
Saúl Jiménez Fortes abrió la tarde con ‘Cuarterón‘, un toro de impecable estampa que, sin embargo, nunca terminó de entregarse. El malagueño, que fue desarmado en el primer lance, intentó asentar las zapatillas con ese valor seco que le caracteriza. El de La Quinta embestía mejor en las líneas paralelas a las tablas, aprovechando la inercia, pero en cuanto Fortes le exigía el trazo circular, el animal se desentendía de la muleta. El calvario con los aceros y el descabello tras un aviso enfrió el ambiente, dejando su labor en un respetuoso silencio. Peor fortuna tuvo con el cuarto, ‘Cartujano‘, un ejemplar de gran clase que se derrumbó repetidamente sobre la arena. La incomprensible decisión del presidente de no devolverlo al corral condenó a Fortes a pasar inédito en una faena imposible, cerrando una tarde aciaga para el diestro de Málaga.

Román, el ídolo local, volvió a demostrar que atraviesa un momento de madurez envidiable. Recibió a su primero con una verónica templada y lo consintió en la muleta dándole distancias largas. El valenciano supo leer la nobleza de ‘Corbatillo‘, pero también sus límites; en cuanto bajaba la mano para obligar al toro, este perdía el celo. Hubo una petición de oreja mayoritaria que la presidencia decidió ignorar de forma rigurosa. Con el quinto, Román apostó fuerte desde el inicio con una larga cambiada de rodillas que puso al público en pie. El toro, con mucha entrega inicial, se fue apagando, obligando al matador a buscarle las vueltas cerca de las tablas. Un pinchazo previo a la estocada difuminó el posible premio, aunque el reconocimiento del público fue unánime.

La gloria de la tarde llegó en el sexto de la mano de David de Miranda. El onubense, que ya había visto cómo le devolvían injustamente a un tercero que apuntaba grandes maneras por su clase, no se dejó amilanar por el deslucido juego del sobrero que lidió en su lugar. Ante el último de la tarde, ‘Numantino‘, Miranda cuajó la faena más rotunda del ciclo. Con la figura vertical y un temple exquisito, condujo la embestida en series largas por el pitón derecho, dándole al toro el respiro necesario para que no se rajara. El final por naturales a pies juntos y unas ajustadas manoletinas tuvieron el aroma de la torería más pura. Tras una estocada inapelable, la oreja cayó por su propio peso, premiando la firmeza de un torero que no se dejó nada en el tintero.

• FORTES, silencio tras aviso y silencio
• ROMÁN, ovación tras petición de oreja y ovación tras aviso
• DAVID DE MIRANDA, silencio y oreja

