Antes de ser El Mene fue Iker Fernández, un niño que jugaba como cualquier otro al fútbol. Pese a haberse criado rodeado de toros, no entraba en sus planes ser torero hasta que a los 12 años, algo cambia y decide dejarlo todo para perseguir un nuevo sueño.
Después de una temporada 2025 en la que el de Zaragoza rozaba las cuarenta novilladas, vino un frío silencio a inicios de 2026. El teléfono no sonaba y las oportunidades tampoco. El 25 de junio aparece Madrid y todo cambia. Una oreja en Las Ventas cambió el rumbo de un año que terminará de la forma que meses atrás parecía «impensable»: tomando la alternativa en Zaragoza, con Morante de la Puebla como padrino y Diego Urdiales como testigo.
P: Antes de El Mene estaba Iker, un niño que jugaba al fútbol. ¿En qué momento decides que quieres ser torero?
I: Yo jugaba al fútbol toda la vida y, la verdad, no pensaba en los toros. En casa me he criado con toros y viendo toros en todos los sitios. Al final era un poco lógico que tarde o temprano tirara por ese camino. Cuando era pequeño no lo pensaba. Cuando tenía 12 años sí me llamó y, a partir de ahí, lo dejé todo para ser torero.

P: Vienes de un 2025 muy importante y, sin embargo, 2026 comienza con muy pocas oportunidades. ¿Cómo viviste esos primeros meses viendo que el teléfono no terminaba de sonar?
I: Es algo, yo creo que para cualquiera que sea torero es complicado y muy duro. Torear casi cuarenta novilladas, ser el primero del escalafón, para que, al año siguiente, al principio, no te llame nadie ni para preguntar cómo estás, pues es duro. Gracias a Dios, esta temporada al final he toreado doce novilladas y tres de ellas en Madrid, que es algo que al principio del año era imposible, no salía por ningún lado. Y, sobre todo, esa alternativa tan esperada.
P: ¿Llegaste a dudar de ti mismo?
I: Yo creo que nunca hay que dudar de uno mismo, porque cuando lo has podido hacer ya, pues siempre lo vas a poder hacer. Sí que es verdad que dudas de si te merece la pena o está bien lo que estás aguantando, pero al final siempre buscas las vueltas para seguir con ilusión, para seguir con ganas de sacrificarte todos los días. Al final yo me daba cuenta de que esto es lo que quiero, que yo quiero ser torero y, pase lo que pase, no me va a quitar ese pensamiento.
P: ¿Has llegado alguna vez a plantearte dejarlo?
I: Sí, lo he pensado, pero no he dicho “Esto tiene que acabarse”. Eso nunca. Es verdad que le das muchas vueltas a la cabeza, sobre todo cuando no salen las cosas bien, cuando no van bien las cosas. Te planteas “¿Y cómo hacemos? ¿A ver qué hago? ¿A ver si me merece la pena, si no me merece la pena?”. Pero al final nunca le he dado mucha importancia a eso porque sería defraudarme a mí mismo. Sería defraudar a mi familia, defraudar a mi gente, defraudarme a mí mismo.
P: ¿Cómo es Iker cuando no lleva puesto el traje de luces?
I: Tengo un semblante un poco serio, a veces de más, pero sí es verdad que las personas que tengo de confianza, que están en mi día a día, pueden ver que soy un chaval normal, que también me sé reír. Alguna gente dice que no me sé reír, pues sí me sé reír. Esta es una profesión a la que le tengo mucho respeto y la verdad es que yo creo que no es una profesión para gastar bromas ni estar todo el día riéndose. En esta profesión te coge un toro y te quita de en medio. A mí no me sale reír, me sale estar serio. Luego, en la calle, soy como soy, un chaval normal, muy tranquilo y me gusta estar en armonía con la gente.
P: Entonces aparece Madrid. El 25 de junio, en tu primera novillada de la temporada. ¿Eras consciente de que aquella noche podía cambiar el rumbo de tu año?
I: Lo sabía y sabía que tenía que ser sí o sí. No había otra opción. Era mi primera novillada de la temporada, el primer día que me vestía de luces. Es complicado porque te sale el primer novillo rajado, que no le puedes hacer nada, y claro, tú te metes para dentro y dices “¿Y ahora qué hago yo? ¿Ahora a ver cómo hacemos?”. Salió otro toro que tampoco fue nada del otro mundo, pero surgió entre el toro y yo la inspiración y la gente lo supo ver. Le pegué un espadazo y le corté una oreja muy buena y, a partir de ahí, la gente ya se empieza a poner un poco encima de mí, a informarse.
P: ¿En Iker? ¿Qué cambia personalmente?
I: Mucho. Estar feliz y estar ilusionado. El año pasado terminé sin ilusión, sin ganas de torear, solo de descansar y de pensar un poco en todo. Pero ahora mismo estoy muy contento, estoy muy feliz y poco te puedo decir más porque todo lo que te diga va a ser poco.

P: Si pudieras hablar con el Iker que lo pasó mal durante aquellos primeros meses, ¿qué le dirías?
I: Que tampoco se tendría que haber preocupado tanto por qué pasará. Al final muchas veces solo hay que esperar, no hay que preguntarse por qué y seguir tu rutina, tu vida, tu sacrificio. Al final, si está destinado y ha pasado, es por algo. Y no comerte tanto la cabeza. Pero bueno, al final eso también te hace madurar.
P: Madrid ha sido prácticamente el núcleo de tus últimas temporadas. Cuando vuelvas allí ya será como matador de toros. ¿Sientes que te has dejado algo pendiente?
I: Sí. Ha habido tardes… He cortado dos orejas en diferentes tardes, he dado vueltas al ruedo, he saludado varias ovaciones. Al final no es mal balance. Pero lo que yo sueño en Madrid todavía no ha podido suceder y siento que algún día tiene que pasar. Esto es lo que soñamos todos llegar allí, cortar las orejas, salir a hombros y caminar. Es una plaza que te da o te quita. Entonces eso es lo que le debo a Madrid ir preparado, hacer bien las cosas y que surja el toreo y pueda salir a hombros.
P: Y después de un comienzo de año en el que nada parecía salir, llega la alternativa. ¿Te da miedo esa palabra?
I: Hombre, tienes responsabilidad. Es un día muy importante y lo tienes que disfrutar. Tienes que recoger muchas emociones y vivirlas todas. Luego, los dos maestros que llevo al lado también te hacen tener esa responsabilidad. Pero sí es verdad que lo que es la dureza de la profesión, eso al final es parte del toreo y lo tengo muy asumido. Así que a mí la palabra que me da un poco, no de miedo, sino esa mariposa que se pone por el estómago. La palabra matador de toros es algo tan grande y una palabra que te da tanto respeto… Al final lo piensas y dices “hostia, si miras para atrás y dices que ahora vas a ser matador de toros”. Es algo que impacta. Me impacta mucho. Pero no es que me dé miedo, me impacta y me da respeto. Miedo no, porque es algo bonito a la vez.
P: ¿Dónde estabas cuando te confirmaron que la alternativa sería en Zaragoza?
I: Estaba en mi casa. Sí es verdad que días antes ya habíamos hablado de una posible alternativa, pero cuando me lo confirmaron estaba en casa. La verdad es que, imagínate, se te mezclan unas pocas emociones. Pero al final se va acercando el día y no es que esté obsesionado con el día. Estoy ahora mismo obsesionado entrenando y el día va a llegar. Entonces, estar lo más preparado posible y lo más despejado posible.
P: Y después aparecen los nombres de Morante de la Puebla y Diego Urdiales. ¿Cuál fue tu reacción al ver el cartel completo?
I: ¿Qué quieres que te diga? Al final se te encoge el estómago. Son dos toreros que hoy en día la afición quiere mucho, y los más puristas. De Morante, ¿qué te voy a decir? Es alguien que ha hecho historia del toreo. Ha cambiado la historia del toreo. Y luego el maestro Urdiales, que sí es verdad que lo he visto más desde niño y alguna vez he coincidido con él. Pero eso no quita que te dé un respeto y una responsabilidad muy grande. Son dos toreros muy puros y que saben torear como nadie.
P: Has hablado mucho de la personalidad como parte fundamental de tu concepto. ¿Qué supone doctorarte junto a dos toreros con una personalidad tan marcada?
P: Busco mucho la personalidad y creo que podemos dar una tarde histórica. Porque Morante tiene su personalidad y su… Pues es Morante. No puedo decir otra cosa. La gente sabe a lo que me refiero. Diego Urdiales tiene una personalidad también arrolladora y un toreo en su muñeca que, cuando fluye, es muy difícil torear así. Y yo, pues también, a lo mejor diferente, pero también tengo esa personalidad que creo que no va a dejar indiferente a nadie.

P: ¿Sabes ya qué les vas a decir a los maestros cuando llegue el momento de la ceremonia?
I: Ahora mismo no lo sé. Soy de improvisar, no llevo nada escrito ni nada aprendido. Lo que me salga de ese momento, pues así será. Hay que ser natural y ese es mi concepto de vida. Ser natural, ante todo.
P: La alternativa es además en Zaragoza. Tu tierra y La Misericordia. ¿Aumenta la responsabilidad?
I: Hombre, claro que sí. No defraudar a la gente y que salga todo perfecto. Que sea un día soñado para ellos y para mí. Ver Zaragoza llena es algo muy bonito y yo, por mi parte, daré todo y más para que salgan ese día felices de que tienen un nuevo matador de toros en Zaragoza. Espero que así sea.
P: ¿Cómo imaginas los días anteriores?
I: Yo no paso miedo y no paso nervios hasta el mismo día. Los días de antes intento estar tranquilo y feliz de que el día siguiente va a ser un día muy especial. Ya habrá tiempo ese día para pasar miedo, nervios, responsabilidad, muchas cosas.
P: Cuando estés vestido y escuches comenzar el paseíllo, ¿de quién crees que te vas a acordar?
I: Lo primero que te acuerdas es de tu familia, porque ellos también sufren. Te acuerdas de esos momentos duros, cuando no te han fallado, cuando han estado en las buenas y en las malas. Al final te acuerdas de todos ellos. Yo no me acuerdo de nadie más, más que de mis amigos, de mi familia entera y poco más. No creo que ese momento merezca a nadie más que yo me acuerde.

P: Después de la alternativa comienza prácticamente otra carrera. ¿Da vértigo empezar de nuevo en el escalafón de matadores?
I: Al final todo aumenta. Aumenta el toro, aumentan los compañeros, la responsabilidad. Las figuras te exigen muchísimo, porque si son figuras son por algo y están ahí por algo. A nosotros, los jóvenes, nos pueden hacer hueco en los carteles con las figuras porque es necesario, pero nosotros también tenemos que arrear. No nos van a dar todo por la cara. Nos pueden dar oportunidades, pero hay que demostrar que puedes entrar en su liga, por así decirlo.
P: Si pudieras sentarte ahora frente al Iker que toreó su primera becerra, al que dejó el fútbol por los toros y a todos los Iker que has sido hasta llegar aquí, ¿qué les dirías?
I: Que sea fuerte y que luche por sus sueños, porque esto no es nada fácil. Quizás cuando empiezas lo ves todo de otra manera, pero luego ya, cuando estás en la altura que estoy yo, te das cuenta de la verdadera dureza y crudeza que tiene el toreo. Por eso le diría que luche, que sea fuerte en todos los aspectos y que no se deje comer el terreno por nadie, porque esta profesión es así.
El Mene está a punto de convertirse en matador de toros. Lo hará en Zaragoza, junto a Morante de la Puebla y Diego Urdiales, después de una temporada en la que llegó a cuestionarse si merecía la pena continuar soportando tanto sacrificio. Ahora, mientras espera que llegue el día, no habla de obsesionarse con la ceremonia ni de anticipar lo que sucederá en el ruedo. Habla de entrenar, de mantenerse despejado y de disfrutar de una oportunidad que meses atrás parecía lejana.
Quizá ahí se encuentre el verdadero significado de esta alternativa para Iker Fernández no solo en alcanzar el sueño que comenzó a perseguir a los doce años, sino en hacerlo después de haber conocido la incertidumbre de no saber si tendría otra oportunidad para demostrar que quería seguir siendo torero.
