Esta tarde, el paseíllo en la plaza de toros de Calanda no será uno más. Para Álvaro Puig Simón no es solo el debut vestido de luces; es la culminación de un camino cocinado a fuego lento, con horas de entrenamiento en solitario, el abrigo de sus paisanos y la solidez de quien entiende el toreo desde la pureza y la disciplina. Ante un eral de Hermanos Colomer, el novillero aragonés abre las puertas de su alma a pocas horas de pisar el ruedo de su pueblo natal
Los primeros pasos: de la soledad del campo a la guía de Carlos
P: Álvaro, tus comienzos taurinos están muy ligados a Calanda, tu pueblo, donde empezaste a entrenar por tu cuenta bajo la dirección de un profesional taurino local. ¿Cómo fueron aquellos primeros pasos y en qué momento sentiste que tu afición podía convertirse en algo más que un sueño?
R: En un principio entrenaba por mi cuenta, sin nadie que me guiara. Tras ello, en una capea que organizaba la peña taurina de Calanda, pude ponerme delante de la primera becerra. Después empecé a entrenar con Carlos. A finales del año pasado tuve la primera llamada para hacer campo, y fue frente a dos becerros de la ganadería de Colomer Hermanos. Y, por último, llegó lo que de verdad marcó un antes y un después en mi vida: la propuesta para torear el festival del 12 de abril —que por temas de agua se acabó celebrando el 1 de mayo—. Ahí fue cuando de verdad dejó de ser solo una afición para convertirse en un sueño mucho más cercano.
P: Durante esa primera etapa, buena parte de tu formación se desarrolló en tu propio pueblo, entrenando lejos de la estructura de una escuela taurina. ¿Cómo te organizabas para aprender, qué dificultades encontraste y qué importancia tuvo contar con alguien que te guiara desde el principio?
R: Sí, hasta prácticamente el festival me encontraba entrenando en mi pueblo con Carlos, que ha sido y es un pilar fundamental en mi aprendizaje diario y continuo. El entrenamiento se basaba en focalizarnos en mis puntos débiles y pulirlos hasta que fueran menos aparentes.
El estudio de las fuentes: pureza, técnica y videoteca
P: Hay una faceta de tu preparación que llama especialmente la atención: las horas que dedicas a visualizar faenas a través de tu videoteca taurina. ¿De dónde nace esa inquietud por estudiar el toreo y qué buscas cuando vuelves a ver una faena una y otra vez?
R: Yo creo que el toreo de antaño aguarda lo que busco especialmente en mi toreo: la pureza. Viendo y repitiendo los vídeos de las faenas donde pienso que habita aquello que tanto anhelo, das con matices y puntos que me ayudan a desarrollar mi propio concepto.
P: Cuando analizas esas imágenes, ¿te fijas más en la técnica, en la colocación, en la manera de llevar al toro o en la personalidad de cada torero? ¿Hay alguna faena que hayas visto tantas veces que consideres que ha marcado especialmente tu manera de entender el toreo?
R: Me fijo principalmente en la embestida que tiene el animal y, en base a eso, busco e intento analizar cómo aplica la lidia el torero y cómo lo ajusta a su propio concepto. Una faena que he repetido en distintas ocasiones ha sido la del maestro Esplá al toro de María Olea en el año de la despedida de Víctor Mendes. Otra faena que he visto varias veces, aunque sea más reciente, es la de Jarocho al novillo de Fuente Ymbro al que le terminó cortando las dos orejas.
El vínculo con el campo: la casa Colomer
P: En tu camino han tenido un papel importante los hermanos Colomer y tu relación con su entorno ganadero. ¿Cómo surgió ese vínculo y qué ha supuesto para ti encontrar personas dispuestas a ayudarte y darte oportunidades?
R: Los hermanos Colomer son los ganaderos de mi pueblo y allí fue donde toreé mi primera vaca en la fiesta de la peña. Posteriormente, un fin de semana de noviembre, me llamaron para ir a torear dos becerros allí a la ganadería. Durante el verano he estado ayudándoles en el campo y de ahí nace nuestro vínculo. Para mí esta relación es muy importante, y no solo como ganaderos, sino porque me ayudan dándome su punto de vista cuando toreo y regalándome consejos.
El salto a CETA Mar de Nubes: madurez e identidad torera
P: De entrenar en Calanda por tu cuenta has pasado a formarte en CETA Mar de Nubes, en Zaragoza. ¿Cómo se produjo ese cambio y qué diferencias has encontrado entre aquella primera etapa y el trabajo dentro de una escuela taurina?
R: Creo que actualmente, para poder llegar a funcionar en el mundo del toro, debes entrar en una escuela taurina. De las escuelas a las que podía acceder, Mar de Nubes era la mejor, y todo se puede ver en cómo están funcionando los compañeros. Además, hay que destacar la calidad de los profesores y la cercanía que tienen con sus alumnos, lo que hace que más que una escuela sea una familia.
P: Después de haber aprendido a base de entrenamientos, observación y muchas horas de estudio, ¿qué has descubierto al compartir preparación con otros alumnos? ¿En qué aspectos notas que más has evolucionado?
R: Al compartir preparación con más alumnos descubres que lo que antes te parecía bueno en realidad no lo es tanto, y que tienes que estar aún más en forma y más preparado de lo que creías suficiente. Donde más noto el cambio es en el comportamiento personal, porque en la escuela, además de a torear, te enseñan de verdad a comportarte como un torero.
La cita de esta tarde: el debut de luces en Calanda
P: Esta tarde vives una fecha que llevas tiempo soñando: tu debut vestido de luces en Calanda. ¿Qué significa dar este paso precisamente en el pueblo donde comenzaste a entrenar?
R: Para mí debutar en mi pueblo lo significa todo. Calanda es donde empecé a ver toros de pequeño, donde empecé a torear de salón y, lo más importante, donde hice mi debut en público a principios de año en el festival.
P: Te enfrentas a un eral de Hermanos Colomer. ¿Cómo afrontas este compromiso y qué supone que una fecha tan importante esté vinculada a la casa ganadera de tu tierra?
R: Se siente una responsabilidad mayor aún de la que ya hay, porque he estado todo este verano disfrutando y sufriendo cuando no se le hacen bien las cosas a los animales —tanto en el campo como en el festejo popular—. Ahora me voy a poner delante de un animal al que he estado viendo todo el verano, y siento la responsabilidad de torearlo como merece y poder estar a la altura.
P: Cuando llegue el momento de hacer el paseíllo esta tarde, ¿qué te gustaría demostrar y qué sueño persigues más allá de este debut?
R: Me gustaría demostrar que esto no es un capricho del momento y que de verdad quiero ser torero; que toreé donde toreé y esté acompañado de quien esté, puedo dar una gran tarde.
