Los onubenses tenemos dos virtudes: la primera es que nos gusta mucho hablar, y la segunda es que somos unos apasionados de todo lo que hacemos. Esto también se traslada a los toros. Sentarse en los tendidos de la Merced es sinónimo de hablar con algún desconocido como si se conocieran de toda la vida, y también significa ser testigo de cómo Huelva se entrega en cada tarde de abono en el coso de la Merced.
Es cierto que tenemos nuestros vicios, y todo el que venga de fuera podría calificarnos despectivamente como “plaza de pueblo” (y con algo de razón). Sin embargo, ninguna ciudad espera con tanta ansia su feria taurina, protagonizando colas kilométricas para conseguir alguna localidad para los festejos o, si hay más suerte, coger un abono para poder renovarlo al año siguiente. No se trata de esperar a una figura concreta, se trata de que La Merced sólo abre sus puertas una vez al año; o la tomas, o la dejas. Para un buen aficionado onubense, perderse unas Colombinas es como perderse el partido de ascenso del Recreativo, y que gane.
Los carteles de la feria han sido sin duda de los mejores en los últimos cinco años, recién salidos de la pandemia, lo que nos dice que José Luis Pereda está dispuesto a traer a lo mejor del panorama a nuestra ciudad. Se ha visto en las plazas, con registros de entrada históricos en las novilladas. Si hace tres años preguntas a un abonado promedio, te regala la entrada a las novilladas porque dice que no pierde tiempo en chavales. Hoy en día, son los primeros que están sentados para ver cómo evolucionan las grandes promesas e intentan adivinar incluso su futuro año de alternativa.

Otro acierto de esta feria, y el mayor sin lugar a dudas, ha sido el regreso de los Miura tras cincuenta años de ausencia. No hay feria importante en España a la que no vayan los Miura. Además, qué mejor que las cámaras de Canal Sur para contarlo y darnos la visibilidad que merecemos. Me encantaría decir que don Antonio nos ofreció buenos toros, pero todos sabemos que no ha sido el caso. No obstante, la tensión que se respiraba cuando se abría la puerta de toriles, y el cariño del público al más que acertado cartel de figuras del toreo (ambos queriendo incluso dirigir más que la presidencia), hacen que las reses más o menos edulcoradas (eso podemos debatirlo en otro momento) tengan que volver cada año a la ciudad. A partir de ahora, ya no serán sólo las figuras como Roca Rey, David de Miranda o Morante de la Puebla los que llenan las plazas y cuelgan el “No hay billetes”, sino que también lo harán ganaderías como Miura o Juan Pedro Domecq, que aprovecho para decir que este último trajo un encierro más que bien presentado y nos hizo enloquecer en cada entrada al caballo, en cada muletazo, e incluso en los tercios de banderillas.
Nuestras Colombinas están en un crecimiento innegable, y es evidente que, además del AVE y el aeropuerto, queremos toros. Por ello, siento que una sola semana de feria se queda corta. Apuesto a que más de uno ha pensado que pasaría si hubiera una especie de “San Miguel” para la Feria de Otoño, o unas novilladas por la Virgen de la Cinta, o un festival por San Sebastián… Lo que sí está claro es que la tauromaquia está más viva que nunca, y que nos espera un futuro de muchísima afición.
