Morante de la Puebla saldará una deuda histórica de la tauromaquia en la próxima Feria del Pilar con un doble homenaje —una corrida y un monumento en La Misericordia— al doctor Carlos Val-Carreres. Apenas unas horas después de hacerse oficial la noticia, conocemos en exclusiva las primeras y emocionadas impresiones del eminente cirujano aragonés, quien, aún abrumado por la magnitud del tributo impulsado por el diestro sevillano, repasa una trayectoria marcada por los milagros médicos en los ruedos.
Un vínculo forjado entre la vida y la muerte
Hay homenajes que nacen de la gratitud y otros que responden a una deuda moral. El tributo que Morante de la Puebla prepara para el doctor Carlos Val-Carreres aúna, sin duda, ambas naturalezas. Durante la próxima Feria del Pilar en octubre, el diestro sevillano no solo encabezará una corrida en honor al eminente cirujano taurino, sino que también impulsará la instalación de un monumento en la plaza de La Misericordia, el escenario donde el médico aragonés ha obrado verdaderos milagros desde la más absoluta discreción.

La iniciativa persigue agradecer públicamente a quien ha devuelto la esperanza a tantos profesionales vestidos de luces. Morante, un torero profundamente sensible a los símbolos y a la memoria de la tauromaquia —como ya demostró con Antoñete o Rafael de Paula—, conoce de primera mano el valor de las manos de Val-Carreres. El doctor estuvo a su lado en momentos críticos de su carrera, como la grave cornada sufrida en Huesca en 2013.
Desde entonces, su relación trascendió el respeto institucional para convertirse en una confianza ciega. De hecho, fue el propio cirujano quien acudió recientemente al hotel de Morante para revisarle tras la durísima paliza que el diestro sufrió en Málaga.
Las primeras impresiones del Doctor
Fue precisamente en ese encuentro malagueño donde el torero le dejó caer las primeras pistas. Sin embargo, tal y como hemos podido conocer en exclusiva de la mano del Doctor aragonés, «se enteró en la noche de ayer como todos».
«En Málaga me comentaron algo, pero no sabía la profundidad del asunto, nunca me imaginaba algo así»

Lejos de buscar el protagonismo, el cirujano recibe el gesto devolviendo los elogios a su promotor: «Para mí supone un agradecimiento enorme viniendo de quien viene, un auténtico genio capaz de crear el arte que hace con una humildad tremenda».
Al echar la vista atrás sobre su extensa trayectoria al frente de la enfermería de Zaragoza, a Val-Carreres le cuesta elegir. Sabe que «no es de justicia» omitir nombres en una lista interminable de intervenciones médicas. Sin embargo, al ser preguntado por esos momentos críticos que marcaron la historia taurina reciente y que pasaron por sus manos, su memoria no puede evitar detenerse en las dramáticas cornadas de Juan Ramos, Mariano de la Viña, Ortega Cano, Juan José Padilla o Jesulín de Ubrique.

Este próximo mes de octubre, el mundo del toro saldará, por fin, su deuda con el hombre que tantas veces le ganó el pulso a la tragedia.
