
Decimotercera de abono en la Maestranza y la tarde ha concluido hace apenas unos minutos con la emoción y el dramatismo aún a flor de piel en los tendidos tras una jornada de mucha intensidad y sentimientos encontrados.
Todo comenzó con 1. Marginado, un toro de hocico fino y perfil algo alto que se movió con un son dormido y escaso empuje desde los primeros lances de Manzanares; el animal se dejó pegar sin celo en el peto y llegó a la muleta obedeciendo a los cites pero con una preocupante falta de poder que hizo imposible el entendimiento, obligando al alicantino a tirar de un oficio estéril ante un astado que terminó rajado en tablas para llevarse un respetuoso silencio.
En segundo lugar salió 2. Jaro, un colorado bajo de buen tipo que, pese a su frialdad inicial, fue lidiado con gran inteligencia por Roca Rey, quien supo dosificar su escasa fortaleza a media altura primero y bajando la mano después en muletazos de gran trazo, pero el viaje del animal se acortó pronto y la labor terminó en silencio tras un aviso.
El tercero fue 3. Envoltorio, un jabonero muy bajo de Toros de Cortés que derrochó nobleza pero careció de la transmisión necesaria para que la faena de Javier Zulueta, aseada, compuesta y muy firme sobre el pitón derecho, lograra calentar los tendidos de Sevilla, resultando en un nuevo silencio tras usar el descabello.
La segunda mitad de la función se inició con el primer cinqueño, 4. Casero, que resultó un espejismo de movilidad en banderillas tras salir suelto de los puyazos, naufragando en la muleta por su nulo poder y un viaje deslavazado que agotó la angelical paciencia del público del jueves de feria, obligando a Manzanares a abreviar bajo el silencio del respetable.
La corrida cambió radicalmente con el quinto, 5. Soleares, un cinqueño negro de Toros de Cortés de 526 kilos que sacó genio, peligro y una embestida seca y sin ritmo ante el que Roca Rey firmó una actuación heroica y apabullante; el peruano, tras brindar a El Juli, se fue a los medios para tragar toneladas de parones y derrotes por dentro en una faena de mando absoluto que puso al público en pie, hasta ser prendido de forma espeluznante en el muslo derecho al entrar a matar, cortando las dos orejas de ley mientras la sangre brotaba evidente y era conducido a la enfermería.
Cerró la tarde el sexto, otro serio 6. cinqueño con mucho cuajo y plaza ante el que Javier Zulueta se fue a portagayola, demostrando una firmeza absoluta y una madurez impropia de su bisoñez al jugársela en cada embroque frente a un toro que buscaba el cuerpo y se paraba una y otra vez, logrando una vuelta al ruedo de muchísimo peso tras una fuerte petición.
Esta decimotercera de abono que acaba de finalizar en el coso del Baratillo ha sido un recordatorio brutal de la cara más áspera y exigente del toro de lidia, donde la aparente comodidad de las figuras desapareció ante la casta dura y el veneno de los últimos ejemplares. Mientras que la primera parte pecó de una alarmante invalidez que deslució el toreo de seda, los tres últimos toros —y especialmente los imponentes cinqueños de Victoriano del Río y Cortés— sacaron a relucir un genio defensivo, una aspereza y una embestida seca que convirtió el ruedo en un auténtico examen de supervivencia. No ha sido una tarde de estética complaciente ni de orejas fáciles, sino una exhibición de autoridad, mando y sangre, confirmando que cuando el toro de estas casas desarrolla sentido, se frena y busca al hombre detrás de la tela, el triunfo solo se alcanza mediante un valor estoico que hoy ha dejado a una figura herida y a un joven valor consagrado por su indudable firmeza. En estos momentos, la atención de toda la Sevilla taurina se centra en la enfermería de la plaza, donde se está esperando al parte médico oficial del doctor Octavio Mulet para conocer el alcance real de la cornada de Roca Rey.

