La Real Maestranza vivió una tarde de matices, marcada por la nobleza del encierro de La Cercada y por el oficio de una terna que dejó momentos de interés ante novillos de comportamiento desigual. La bravura en el caballo, la nobleza de varios ejemplares y el temple de los novilleros marcaron una función entretenida y con pasajes de notable nivel. En una novillada condicionada por el viento en distintos momentos de la lidia, destacó especialmente el quinto de la tarde, aplaudido en el arrastre, así como la firmeza mostrada por Mario Vilau y Julio Méndez. Sin embargo, Carlos Tirado, se vió sin opciones debido a un lote que no colaboró.
Abrió plaza “Enemigo”, un negro de 505 kilos que salió galopando y permitió a Carlos Tirado estirarse a la verónica sin excesivo lucimiento inicial. El novillo dejó ya en el caballo síntomas de bravura, acudiendo con alegría al peto y propiciando una destacada actuación del picador Rafael Carbonell. El tercio de varas volvió a convertirse en uno de los puntos fuertes del encierro de La Cercada, con animales que acudieron con prontitud y entrega al caballo. El tercio de banderillas resultó comprometido por la rapidez con la que el animal recortaba distancias. Ya en la muleta, la faena de Tirado quedó condicionada cuando el novillo se partió el pitón derecho al golpear violentamente un burladero. Aun así, el ayamontino supo entender las limitaciones de su oponente, encontrando los mejores momentos al natural y dejando dos derechazos de mérito junto al tendido 3 antes de cobrar una media estocada efectiva. El público respondió con aplausos.

El segundo, “Relimpio”, fue un novillo noble y de clase, especialmente por el pitón derecho. Mario Vilau lo recibió a portagayola antes de dejar verónicas de rodillas que calentaron el ambiente. En varas, el animal tardó en arrancarse, aunque cuando lo hizo empujó con bravura. La faena de muleta comenzó con tensión, pues el novillero catalán sufrió dos resbalones que lo dejaron a merced del animal, aunque éste siempre respondió con nobleza. Fue entonces cuando Vilau sacó a relucir su mejor versión, descalzándose y toreando con gran temple sobre la diestra, hasta lograr que sonara la música en la Maestranza. La suavidad con la que condujo las embestidas del novillo permitió ver los momentos más armónicos de toda la tarde. El novillo perdió fuelle en el tramo final, pero dejó una gran impresión en el arrastre. La media estocada bastó y ambos fueron despedidos entre aplausos.
El tercero, otro “Enemigo”, mostró desde salida complicaciones y falta de fijeza. Julio Méndez estuvo a punto de ser prendido en el saludo capotero y la lidia se desarrolló entre dificultades para sujetar al novillo. Sin embargo, en la muleta el abulense logró construir una faena de mérito, especialmente sobre la mano derecha, por donde el animal humilló con calidad pese a acusar cierta falta de fuerzas. Méndez supo bajarle la mano y llevarlo toreado, conectando con los tendidos hasta el punto de sonar la música. Al natural el novillo se mostró más áspero y deslucido, por lo que el novillero volvió al pitón derecho para dejar una última serie de gran exposición antes de unas ajustadas manoletinas. La firmeza y el valor de Méndez quedaron patentes en los terrenos comprometidos que pisó durante el tramo final de la faena. La espada, sin embargo, enfrió el conjunto tras necesitar del descabello. Recibió aplausos después de escuchar dos avisos.
El cuarto, “Lazarillo”, resultó el ejemplar de menos transmisión del festejo. Carlos Tirado trató de construir faena ante un animal que cabeceó y se paró desde muy pronto, imposibilitando la ligazón. El onubense insistió por ambos pitones, especialmente sobre la diestra, arrancando los muletazos casi a cuentagotas. La disposición del novillero nunca decayó pese a las escasas opciones que ofreció su adversario. Sin opciones reales de lucimiento, Tirado cerró actuación entre silencios tras una estocada defectuosa y aviso.

La emoción volvió con el quinto, “Nocivo”, un castaño que protagonizó una gran pelea en varas y terminó siendo el novillo más completo de la tarde. Mario Vilau entendió desde el inicio las condiciones de un animal justo de fuerzas, pero de gran nobleza y fondo. El catalán planteó una faena basada en el temple y la suavidad, toreando muy despacio y logrando pasajes de gran profundidad sobre la diestra. La conexión con los tendidos fue creciendo conforme avanzaba la labor, especialmente en los muletazos más largos y sentidos. Aunque el pitón izquierdo ofreció menos recorrido, Vilau resolvió con inteligencia y volvió a enganchar al público al retomar la mano derecha. El público reconoció la dimensión de la faena pidiendo con fuerza el trofeo para el novillero catalán. La estocada entera y efectiva rubricó una labor muy seria, premiada con una vuelta al ruedo tras fuerte petición, mientras el novillo era aplaudido en el arrastre por su bravura.
Cerró plaza otro “Nocivo”, colorado y de buen son en líneas generales. Julio Méndez volvió a mostrarse dispuesto y entregado desde el inicio, dejando tandas estimables en redondo aprovechando la humillación y clase del novillo. El animal colaboró con nobleza hasta que comenzó a acusar el desgaste, protestando y llegando incluso a propinar una fea voltereta al novillero. Lejos de arredrarse, Méndez regresó a la cara del toro y cerró una actuación de mérito y entrega, culminada con manoletinas y una estocada al segundo intento. La ovación final premió la entrega y el compromiso de un novillero que nunca perdió la cara al peligro.

En conjunto, la novillada de La Cercada dejó una interesante impresión en Sevilla gracias a un encierro noble, con varios ejemplares de calidad y buen juego en el caballo. Mario Vilau fue el gran triunfador moral de la tarde, mientras Julio Méndez evidenció valor y firmeza. Carlos Tirado, por su parte, dejó detalles de buen concepto, aunque se vio condicionado por la escasa transmisión de su lote. La afición sevillana salió de la Maestranza con la sensación de haber presenciado una novillada seria, interesante y con nombres a seguir de cerca en el futuro inmediato.
