Calatayud vivió una tarde de Cebada Gago pasada por agua y con una terna que tuvo que pelear también contra las condiciones del ruedo ylas pocas posibilidades que ofrecieron gran parte de los astados. La novillada no fue sencilla, hubo animales parados, otros con cierta movilidad pero sin demasiada clase. En ese escenario, Mario Vilau fue quien mejor entendió la tarde y acabó cortando dos orejas, una de cada novillo.
Borja Escudero abrió plaza con un ejemplar justo de presencia y de embestida desclasada. El alicantino quiso, insistió y trató de someterlo, pero el novillo no ofreció demasiado. Su actitud fue mejor que el resultado.
Con el cuarto volvió a encontrarse con un animal muy parado y que se metía por dentro cuando se descubría. Escudero volvió a tirar de disposición y exposición, pero esta vez tampoco encontró recompensa. Una petición de oreja quedó sin atender. Dos faenas en las que hubo voluntad, aunque faltó materia prima.
Luis Pasero tuvo posiblemente la faena más interesante de la tarde ante el segundo. El novillo, con mayor presencia y mejores condiciones, permitió al novillero mostrar un concepto serio, especialmente al natural. Pasero supo sacarlo de la querencia y, por momentos, toreó con profundidad. La lluvia fue a más y probablemente restó fuerza a una petición que no llegó a convertirse en premio.
El quinto, sin embargo, fue otra historia. Un animal parado y exigente ante el que Pasero optó por abreviar. No había demasiadas razones para prolongar una faena que no terminaba de arrancar.
Y entonces apareció Mario Vilau. El catalán fue el novillero de la tarde desde que se marchó a portagayola en el tercero. No necesitó que el Cebada Gago le regalara demasiado, puso él la emoción que faltaba. Su faena tuvo verdad, especialmente al natural, y supo darle al animal los tiempos que necesitaba. Se atascó con la espada, pero la contundencia con el descabello final le permitió cortar una oreja.
El sexto confirmó la sensación. Vilau volvió a apostar fuerte y llegó incluso a quedar descubierto en un cambio de mano. Lejos de venirse abajo, continuó con una serenidad impropia de alguien con tan poco recorrido. Toreó con conocimiento, redujo las distancias y terminó metido entre los pitones. La estocada, de gran colocación, puso el broche a otra actuación de mucha entrega. Oreja, aunque la petición del segundo apéndice fue unánime.
Dos orejas y una conclusión clara: Mario Vilau fue quien puso el carácter a una tarde en la que el agua y la falta de clase de buena parte de los novillos amenazaron con apagarla. El catalán entendió que en tardes así no basta con esperar al toro; hay que salir a buscar la faena. Y eso fue precisamente lo que hizo.
FICHA DEL FESTEJO
Plaza de toros de Calatayud (Zaragoza)
Novillada con picadores-Novillos de Cebada Gago
Borja Escudero: Silencio y Silencio
Luis Pasero: Palmas y Silencio
Mario Vilau: Oreja y Oreja
