Con el cartel de “No hay billetes” colgado en Cuatro Caminos, la última corrida del abono de la Feria de Santiago dejó una tarde para el recuerdo, marcada por el toreo inspirado de Morante de la Puebla, la heroica actuación de Marco Pérez, que sufrió una cornada, y la rotunda dimensión de Aarón Palacio, castigado por la presidencia con un premio insuficiente.
La Feria de Santiago de Santander echó el cierre este sábado con una de esas tardes que justifican una temporada. La plaza de Cuatro Caminos registró un lleno absoluto para asistir a una corrida de Beneficencia en la que el arte, la emoción, la tragedia y la polémica se dieron la mano. Morante de la Puebla firmó una de esas faenas destinadas a permanecer en la memoria de los aficionados; Marco Pérez volvió a demostrar un valor fuera de toda lógica, pagando con sangre su entrega; y Aarón Palacio confirmó el gran momento que atraviesa con dos actuaciones de enorme contenido, insuficientemente premiadas por la presidencia.
Morante abrió la tarde con un recibo a la verónica de extraordinaria suavidad al primero de Juan Pedro Domecq. También dejó un inspirado quite por chicuelinas antes de enfrentarse a un toro que nunca terminó de entregarse, áspero y derrotando por el pitón izquierdo. El sevillano apostó por permanecer siempre en el sitio, imponiendo su concepto frente a un animal incómodo y exigente. La obra tuvo mucho más mérito que brillantez, pero un pinchazo antes de la estocada redujo el premio a una ovación.
La tarde cambió de tono con la salida del segundo. Marco Pérez se fue a la puerta de chiqueros para recibirlo a portagayola y, tras una larga cambiada, comenzó la faena de rodillas por estatuarios, despertando el entusiasmo de los tendidos. El joven salmantino construyó una labor de enorme firmeza frente a un toro que exigía colocación y técnica. Al entrar a matar, sin rectificar, fue prendido con violencia por el pitón, sufriendo una grave cornada en el muslo derecho. A pesar de ello, dejó una estocada de ley. La plaza pidió con fuerza las dos orejas, pero el presidente solo concedió una, provocando una sonora bronca desde los tendidos.
Aarón Palacio recibió al tercero por faroles y volvió a dejar constancia de su excelente concepto del toreo. El toro, sin clase ni entrega, nunca facilitó las cosas, pero el aragonés no renunció en ningún momento a buscar el buen toreo. Encontró algunos naturales de notable factura que despertaron el interés del público, aunque la escasa condición del animal impidió que la faena alcanzara mayor vuelo. El fallo con los aceros dejó todo en una ovación.
El cuarto apenas ofreció posibilidades. Sin fuerza ni transmisión, fue apagándose conforme avanzaba la lidia. Morante trató de extraer algún muletazo de calidad, dejando destellos de su personal tauromaquia, pero pronto comprendió que no había materia prima para el lucimiento y abrevió con acierto.
La plaza volvió a vibrar con la salida del quinto. Aarón Palacio repitió el gesto de irse a la puerta de chiqueros para recibirlo a portagayola, librándose por muy poco de ser arrollado. Después llegó un sensacional saludo a la verónica, un galleo por chicuelinas y un ajustado quite por gaoneras que elevaron la temperatura de la tarde. Con la muleta cuajó una actuación de enorme profundidad, especialmente por el pitón derecho, siempre con temple y ligazón. Remató la obra por estatuarios antes de una estocada eficaz. De nuevo el presidente solo concedió una oreja pese a la fortísima petición de la segunda, provocando otra gran bronca al palco. La insistencia del público obligó a Palacio a dar dos vueltas al ruedo.
Con Marco Pérez ya en la enfermería, Morante asumió la lidia del sexto. El sevillano volvió a demostrar por qué atraviesa uno de los momentos más inspirados de su carrera. Recibió al toro con tres faroles a pies juntos, continuó con un galleo por chicuelinas y comenzó la faena sentado en el estribo. A partir de ahí construyó una obra llena de temple, inspiración y belleza, frente a un toro de gran clase. Cada muletazo fue recibido con entusiasmo por un público completamente entregado. Solo la espada evitó un triunfo rotundo, aunque la oreja reconoció una actuación destinada a quedar entre los grandes momentos de esta Feria de Santiago.
La nota amarga de la tarde fue la lesión de Marco Pérez. El parte facultativo confirmó una herida profunda en el muslo derecho, con dos trayectorias que afectaban al músculo aductor y alcanzaban la zona del cuádriceps. Fue intervenido bajo anestesia general, con pronóstico reservado, quedando imposibilitado para continuar la lidia.
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FICHA DEL FESTEJO
Santander (Cantabria). Plaza de Toros de Cuatro Caminos. Sábado, 25 de julio de 2026. Octavo festejo de la Feria de Santiago. Corrida de Beneficencia. Lleno de “No hay billetes”. Se lidiaron toros de Juan Pedro Domecq, bien presentados y de juego variado.
- Morante de la Puebla: Ovación, silencio y oreja.
- Marco Pérez: Oreja con fuerte petición de la segunda (herido).
- Aarón Palacio: Ovación y oreja.
Incidencias: Tras el paseíllo sonó el Himno Nacional. Marco Pérez fue cogido al entrar a matar al segundo toro, sufriendo una cornada en el muslo derecho. Fue intervenido en la enfermería con pronóstico reservado, lo que le impidió continuar la lidia. Morante de la Puebla estoqueó el sexto toro en su lugar.
