Morante de la Puebla afronta una de las temporadas estivales más exigentes de su carrera, devorando más de 6.800 kilómetros en apenas dos meses. Una auténtica odisea logística de norte a sur que pone a prueba la resistencia física del genio cigarrero antes de encarar sus inminentes compromisos en la Feria de Málaga y un abrumador mes de septiembre.
La temporada taurina exige brillantez en el ruedo, pero también una resistencia titánica en la carretera. En apenas dos meses, el genio de La Puebla ha devorado la península de norte a sur, trazando un laberinto geográfico que pone a prueba los límites físicos antes de su esperada irrupción en la Feria de Málaga. Detrás del clamor de los tendidos, el brillo de los alamares y las crónicas que ensalzan o cuestionan cada tarde, existe un peaje silencioso que pocas veces copa los titulares: el asfalto. Las madrugadas en la furgoneta de cuadrillas, cruzando la oscuridad de las autovías tras una tarde de máxima tensión, suponen un desgaste que merma tanto el físico como la mente. Desde que iniciara este tramo intensivo de campaña el 4 de junio en el Corpus de Sevilla, Morante de la Puebla se ha visto inmerso en un bucle constante de kilómetros, hoteles y compromisos ineludibles que exigen el máximo nivel de figura del toreo.
La hoja de ruta ha sido vertiginosa y sin piedad, sumando un total de 6.836 kilómetros que conforman la escalofriante cifra arrojada por la suma de sus desplazamientos estivales, incluyendo los necesarios trayectos marítimos. Son casi 80 horas invertidas en un medio de transporte, viendo España a través del cristal. Tras arrancar en la Maestranza, el cigarrero encadenó rápidamente tardes en plazas de inmensa solera como Granada, Toledo y Salamanca. Sin apenas margen para asimilar triunfos o reveses, ni tiempo para recomponer el cuerpo, el calendario lo empujó hacia la Costa del Sol en Marbella, para luego exigir de inmediato su presencia en el Levante con un doblete fundamental en las Hogueras de Alicante.

Pero la verdadera prueba de fuego logística estaba por llegar con el cambio de mes. El mes de julio lo obligó a conquistar el norte, asumiendo primero la presión inigualable de los Sanfermines en Pamplona y respondiendo después al enorme cariño del público cántabro con dos paseíllos consecutivos en la Feria de Santiago de Santander. El calor y la humedad del sur pronto volvieron a reclamarlo, pero no sin antes obligarle a cruzar el mar. Su incursión en Palma de Mallorcasupuso el preámbulo a un mes de agosto verdaderamente frenético, donde la Plaza Real de El Puerto de Santa María se ha erigido como el eje central de su temporada, albergando hasta cuatro de sus paseíllos. Todos ellos se han visto intercalados con nuevas visitas a Marbella y un viaje extenuante de punta a punta de la península para hacer el paseíllo en la Feria de Begoña de Gijón.
Lejos de poder pisar el freno, la maquinaria de Morante debe mantenerse a pleno rendimiento, asumiendo que el descanso es ahora mismo una quimera. Ahora mismo, todas las miradas convergen en el albero de La Malagueta, un puerto de montaña de primera categoría que marca el pistoletazo de salida para el tramo final del año. Septiembre no admite tregua alguna y en el horizonte aguardan compromisos de un peso artístico incalculable, como la tradicional y exigente Goyesca de Ronda, su paso ineludible por la feria de Murcia y el apoteósico cierre en la Feria de San Miguel de Sevilla. Queda así la demostración palpable de que forjar la leyenda de un torero requiere vaciarse en la cara del toro, pero también sobrevivir a la implacable soledad de la carretera.
