El burgalés firmó la actuación más destacada de la tarde frente a un encierro de Ana Romero, serio de presentación, encastado y de áspero comportamiento, mientras Colombo e Ismael Martín mostraron disposición y oficio ante un lote sin concesiones.
Ana Romero llevó a Azpeitia una corrida muy seria de presentación, cuajada de hechuras, bien armada y de impecable expresión. Un encierro fiel al encaste, con toros musculados, de buenas caras y la presencia que exige una plaza como la guipuzcoana. Respondió al modelo que reclama esta afición: un toro con trapío, movilidad y casta. En el ruedo fue una corrida exigente, de las que no admiten ventajas. Ningún ejemplar regaló las embestidas y todos obligaron a los toreros a tirar de firmeza, técnica y oficio.
Morenito recibió a su primero marchándose a porta gayola, donde protagonizó el primer momento de emoción de la tarde. El toro hizo por él con evidente intención, aunque todo quedó en un susto. Ya con la muleta, se encontró con un ejemplar brusco, de embestida violenta y tendencia a defenderse levantando la cara al final del viaje. Lo desarmó hasta en tres ocasiones y fue desarrollando sentido conforme avanzó la faena. Aun así, el burgalés no perdió la compostura y consiguió arrancarle algunos muletazos de mérito, reconocidos por el público.
Ya recuperado para lidiar el cuarto, al que dio muerte en quinto lugar tras el cambio de turno, llegó lo más destacado de su actuación. Volvió a encontrarse con un toro exigente, de embestida irregular y que soltaba la cara con violencia. Morenito encontró el sitio sobre la mano izquierda, donde dejó naturales de buen trazo, llevados con suavidad y sin descomponer la figura. Fue una faena de oficio y técnica, basada en imponerse a las dificultades del toro, pero toreando con gusto. Solo una estocada caída le restó mayor premio, aunque no le impidió pasear una oreja.
Jesús Enrique Colombo tuvo un primero justo de fuerzas, que nunca terminó de entregarse y se defendió con la cara alta. El venezolano trató de darle continuidad a la embestida, pero el toro apenas permitió lucimiento. Todo quedó en una labor voluntariosa, rematada con una estocada trasera y caída.
Como consecuencia del cambio de turno, Colombo lidió en cuarto lugar el quinto toro, probablemente el de mayores opciones del encierro. Tuvo mejor embroque y más recorrido, pero el venezolano no terminó de acoplarse. Faltó reposo para templar una embestida que admitía mayor mando y predominó un concepto más apoyado en el movimiento que en el gobierno del toro. La espada volvió a restarle opciones.
Ismael Martín se encontró con el lote más áspero de la corrida. El tercero fue un toro muy exigente, pegajoso y de escasa franqueza, que nunca terminó de salir de la muleta. Hubo momentos en los que el animal llegó a desbordarlo, aunque se trataba de uno de esos toros capaces de comprometer a cualquier matador. Martín aguantó con firmeza y resolvió la papeleta con dignidad antes de dejar una estocada tendida.
Con el sexto volvió a destacar en banderillas, donde clavó dos pares de enorme exposición, rematados con sus características carreras hacia atrás hasta parar al toro. Ya con la muleta, resolvió con oficio la lidia de otro toro áspero y poco entregado, manteniéndose siempre por encima de las dificultades.
En conjunto, la corrida de Ana Romero respondió a las expectativas. Fue un encierro serio en su presentación y exigente en su comportamiento, con movilidad y un evidente fondo de casta. No permitió grandes faenas, pero sí obligó a los tres toreros a demostrar recursos y oficio frente a unas embestidas siempre incómodas. Una corrida de las que mantienen vivo el interés del aficionado porque el toro nunca dejó de plantear dificultades.
FICHA DEL FESTEJO
Plaza de toros de Azpeitia (Guipúzcoa). Sábado, 1 de agosto de 2026. Tercer festejo de la Feria de San Ignacio. Tres cuartos de entrada. Toros de Ana Romero, de buena presentación: astifinos y de serias hechuras. De juego complicado en su conjunto, pero de gran interés. La corrida destacó por su áspera movilidad. La excepción fueron el 4º y el 5º, algo mejores, pero que también tuvieron la exigencia de la casta.
Morenito de Aranda, de billar y azabache: estocada tendida y dos golpes de verduguillo (ovación) y estocada caída (oreja).
Jesús Enrique Colombo, de carmesí y oro: estocada trasera (ovación) y estocada defectuosa (ovación).
Ismael Martín, de grana y oro: estocada tendida (ovación) y estocada en los blandos (ovación).
