La séptima de abono de la Feria de Santiago de Santander registró un nuevo «No hay billetes» en una tarde marcada por el triunfo rotundo de Roca Rey, que abrió la puerta grande tras cortar dos orejas al segundo de la función, y por la ilusionante alternativa de Tomás Bastos, que paseó un trofeo en el sexto. Pablo Aguado, por su parte, dejó destellos de su concepto clásico y elegante del toreo, aunque el escaso juego de su lote le impidió redondear una actuación de mayor premio.
La tarde arrancó con la alternativa del toricantano luso. Tomás Bastos tomó la alternativa de manos de Roca Rey y con Pablo Aguado como testigo frente a «Jareño», un toro de Juan Manuel Criado que no llego del todo a reunir las condiciones propicias para la ceremonia. El joven torero portugués brindó la faena a su madre y comenzó el trasteo en el centro del ruedo con vibrantes pases cambiados por la espalda. Aprovechó especialmente las embestidas por el pitón derecho de un animal que tuvo calidad, aunque escasa duración. Cuando el toro se vino abajo, Bastos tiró de entrega y cercanías para mantener el interés de la faena. El ajustado final por bernardinas levantó a los tendidos antes de una estocada y un golpe de descabello. Hubo petición de oreja, pero el palco no atendió la solicitud.
El segundo de la tarde permitió ver la versión más arrolladora de Roca Rey, protagonista de una de las faenas más importantes del ciclo. El peruano calentó el ambiente con un vistoso recibo por chicuelinas y, ya con la muleta, se fue directamente a los medios para iniciar la faena por estatuarios. El toro de Juan Manuel Criado ofreció una embestida de calidad, especialmente por el pitón derecho, y Roca Rey aprovechó cada embestida para construir una obra de enorme intensidad y dominio. Con la muleta siempre arrastrada por abajo, sometió al toro por ambos pitones y llevó a la plaza a un clima de auténtica ebullición. El final, ligado con circulares y rematado por ajustadas bernardinas, terminó de conquistar a los tendidos. Una buena estocada puso en sus manos las dos orejas.
El cuarto de comportamiento áspero y deslucido que nunca terminó de entregarse. Roca Rey volvió a sacar a relucir su capacidad para imponerse a las dificultades y se mostró firme y decidido ante una embestida sin clase ni continuidad. A base de mando, valor y determinación, logró extraer algunos muletazos de mérito frente a un animal que ofreció muy pocas opciones de lucimiento. La espada le privó de un premio que habría reconocido el enorme esfuerzo realizado.
Pablo Aguado se encontró en tercer lugar con un toro noble pero muy limitado físicamente. El animal apuntó buenas maneras desde su salida, aunque pronto evidenció una acusada falta de fuerza que condicionó toda la lidia. Aguado intentó construir la faena desde la suavidad, el temple y el buen gusto, administrando las embestidas de un toro que obligaba a torearlo prácticamente de uno en uno. Hubo detalles de calidad y torería, pero la escasa condición del astado impidió que la labor alcanzara mayores cotas.
Aguado dejó en el quinto los momentos de mayor belleza de su actuación. Inició la faena sentado en el estribo con ayudados por alto, pero el toro se golpeó contra las tablas en los primeros compases y quedó visiblemente resentido. El animal perdió continuidad y repetición en sus embestidas, obligando al sevillano a construir la faena desde la técnica y la inspiración. Surgieron entonces varios muletazos de gran naturalidad y empaque por el pitón derecho, reflejo del concepto clásico que atesora Aguado. Un pinchazo previo a la estocada dejó sin premio una actuación de notable contenido artístico.
El sexto titular fue devuelto por manifiesta falta de coordinación en sus movimientos y una falta de fuerzas más que latente. En su lugar salió un sobrero de la misma ganadería que tampoco anduvo sobrado de fuerzas, aunque permitió a Tomás Bastos cerrar la tarde con una actuación de mucho mérito. El portugués se mostró decidido desde el recibo capotero y firmó posteriormente un ajustado quite por saltilleras en el que estuvo a punto de ser prendido por el toro. Brindó la faena a su padre y desarrolló un trasteo muy templado, siempre pendiente de ayudar a un toro al que hubo que llevar muy hecho. Bastos dejó patente su firmeza, personalidad y buen concepto del toreo en una labor construida con inteligencia y entrega. Una estocada al segundo intento puso en sus manos una merecida oreja, premio que rubricó una tarde muy importante en el día de su doctorado.
La tarde en su conjunto dejo patentes dos problemas que se van reiterando tarde tras tarde en esta feria, en primer lugar el estado del piso del ruedo, en segundo lugar el debate sobre cual es el toro de Santander y las escasas opciones que están brindando algunos de los ejemplares que se han venido lidiando a lo largo de la feria.
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FICHA DEL FESTEJO
Ficha del festejo
Plaza de toros de Santander. Séptimo festejo de la Feria de Santiago 2026. Lleno de «No hay billetes».
Toros de Juan Manuel Criado, bien presentados y de juego variado.
- Roca Rey: dos orejas y silencio.
- Pablo Aguado: silencio y ovación.
- Tomás Bastos: ovación y oreja.
Incidencias: Tras finalizar el paseíllo sonó el Himno Nacional. Tomás Bastos tomó la alternativa con el toro «Jareño», negro mulato, de 468 kilos, de la ganadería de Juan Manuel Criado.
