¿Qué está ocurriendo en las plazas de primera categoría? Recuerdo escuchar hablar de los toros de antes. Porque sí: la tauromaquia ha de evolucionar, pero no a cualquier precio.
Antes, los toros lidiados en plazas de primera categoría no eran solo pitón. Eran aparentes, nobles, testarudos en la muleta y, sobre todo, bravos. Pocos indultos se veían. Y resulta que hemos pasado de indultar pocos a indultar muchos y ahora, al parecer, ni siquiera hablamos de indulto, sino de que resulta imposible lidiarlos. Terrible asunto, escalofriante, si me preguntan, el ver que en plazas de segunda y tercera se lidian animales mejores que en las grandes ferias. ¿Por qué nadie se pregunta el motivo?
Cierto es que la tauromaquia de hoy no tiene que ver con la de ayer y que, sin la tauromaquia de ayer, la de hoy no sería nada. Pero lo que sí debe mantenerse, o al menos mejorar cada día, es el toro bravo. Porque, por mucho que haya torero, si no hay toro, no hay faena.
Y claro que se ve con el genio de La Puebla, quien ha estudiado de cabo a rabo la tauromaquia. Si un toro no le gusta en su salida, no lo torea. Porque solo él puede permitírselo, pero también porque solo él ha estudiado la morfología del animal y su manera de ser como nadie lo ha hecho.
Está claro que la afición se queja de ver únicamente a figuras del toreo en las ferias más importantes, pero ¿cómo va a poder matar un torero de poco recorrido a algo que una figura no puede lidiar?
