La tercera novillada clasificatoria del certamen de promoción en Sevilla estuvo condicionada por una tónica generalizada de falta de acierto con los aceros y por el juego de los erales de la ganadería de Antonio López Gibaja. El encierro, que a priori despertaba expectativas, terminó resultando un conjunto de animales notables tirando para abajo, que fueron perdiendo fuelle y desluciendo en gran medida las férreas intenciones de la terna de aspirantes. A pesar de la manifiesta escasez de trofeos en el esportón, la enorme disposición y las innegables ganas de agradar de los jóvenes espadas mantuvieron en todo momento el interés de los tendidos, destacando especialmente las vueltas al ruedo que lograron arrancar Rodrigo Villalón y Jaime de Pedro como máximo botín de la velada.

El encargado de abrir plaza fue Jaime de Pedro, quien dejó claras sus intenciones de no dejarse ganar la pelea desde el primer suspiro al marcharse a la puerta de chiqueros para recibir a su oponente a portagayola. A partir de ahí, el novillero cimentó una labor llena de actitud frente a un astado exigente que no le regaló ninguna embestida. Con la pañosa, supo imponerse paulatinamente, tragando quina y sometiendo al animal a base de una loable firmeza y una entrega total. Incluso llegó a sufrir una aparatosa voltereta sin consecuencias en el transcurso de la faena, levantándose sin mirarse la ropa para volver a la cara del eral. Lástima que el fallo final con el estoque emborronara su meritoria actuación, quedando todo en una muy aplaudida vuelta al ruedo.
En segundo lugar actuó Israel Guirao, representante de la Escuela Taurina de Valencia, que volvió a demostrar ante la afición andaluza la gran solidez que atesora en este certamen. El valenciano se gustó de salida manejando el capote con prestancia y soltura, para después iniciar su labor muleteril echando valientemente las rodillas en tierra, un gesto que conectó de manera fulminante con los graderíos. A partir de ahí, firmó una faena dotada de un buen concepto, donde descollaron varias series al natural ejecutadas con una notable calidad y un exquisito temple. Decidió abrochar su trasteo con nuevos alardes de rodillas, pero un inoportuno pinchazo previo a la estocada definitiva redujo el justo premio a una sonora y calurosa ovación.
Por su parte, Nicasio Carbonell, alumno de la Escuela Taurina de La Algaba, vivió la cruz de la moneda y padeció una mala tarde frente a la enorme responsabilidad del escenario y su temprana edad, aunque cabe destacar de manera tajante que en ningún momento le faltaron las ganas y el empeño. El sevillano se estrelló de bruces contra un eral con pocas capacidades, un animal vacío de casta que se negó a embestir desde el primer tercio y que no ofreció ni la más mínima opción para el lucimiento. A pesar de los denodados esfuerzos y la porfía del novillero por intentar hilvanar algún muletazo acortando las distancias, la absoluta imposibilidad de su oponente hizo inviable cualquier tipo de acople, por lo que, tras verse obligado a abreviar.
El cuarto capítulo de la noche llevó la firma del mexicano Javier Spínola, perteneciente a la Escuela Taurina de Triana, quien dejó patente su tremenda entrega durante la totalidad de la lidia. El espada se mostró muy centrado y logró estructurar una faena completa y bien argumentada por ambos pitones, leyendo con inteligencia los terrenos que requería su antagonista. Su quehacer alcanzó las más altas cotas de brillantez al echarse la muleta a la mano izquierda, sobresaliendo especialmente en una serie al natural de enorme profundidad y trazo largo. Sin embargo, cuando el triunfo parecía prácticamente asegurado y el público ya preparaba los pañuelos, el mal uso de los aceros irrumpió de nuevo y le privó de pasear un más que merecido trofeo.
En el quinto turno, Rodrigo Villalón sorteó a un oponente al que supo descifrar e interpretar con suma inteligencia desde los lances de recibo. El espada hizo gala de un magnífico sentido de las distancias, mostrando en todo momento un buen temple y un impropio oficio para alguien de su incipiente escalafón. Su punto álgido llegó sobre la mano derecha, cuajando varias tandas de innegable mérito en las que logró hilvanar un toreo en redondo de gran conjunción y poderosa ligazón. El triunfo grande sobrevoló el ruedo maestrante, pero nuevamente la espada volvió a cruzarse en su camino; pese al fallo en la suerte suprema, el reconocimiento de la afición fue unánime y se materializó en una clamorosa vuelta al ruedo.
Para abrochar el festejo, Cayetano Rojas Ramírez no quiso quedarse atrás en actitud y se fue directo a la puerta de chiqueros a portagayola para saludar al sexto y último eral de la noche. El novillero rondeño rubricó una actuación marcada a fuego por la gran entrega, no dejándose nada en el tintero en ninguno de los tercios. Ya con la muleta, logró estructurar una faena de suma importancia en la que fluyeron los momentos más intensos toreando por el pitón derecho, pasajes que lograron arrancar los fuertes y rotundos olés de la afición sevillana. Como si de un guion repetido se tratase, otra vez el acero volvió a frustrar la posibilidad de tocar pelo, pero el espada se marchó dejando una notable impresiónen el epílogo de la clasificatoria.
FICHA DEL FESTEJO:
Jueves, 9 de julio de 2026. Fuera de abono. Se lidiaron seis novillos de Antonio López Gibaja, bien presentados y de buen juego en líneas generales.
• JAIME DE PEDRO, vuelta al ruedo
• ISRAEL GUIRAO, ovación tras aviso
• NICASIO CARBONELL, aplausos tras aviso
• JAVIER SPÍNOLA, aplausos tras 3 avisos
• RODRIGO VILLALÓN, vuelta tras aviso
• ROJAS RAMÍREZ, aplausos tras 2 avisos
