El último encierro de las fiestas de San Fermín ha hecho honor a la fama de la ganadería extremeña de Jandilla con una carrera rapidísima, explosiva y muy accidentada. Los astados completaron el recorrido en apenas dos minutos y veinticinco segundos, dejando a su paso escenas de auténtico pánico y muchísima tensión en las calles de Pamplona.
El elevado ritmo impuesto por la manada apenas dejó margen de reacción a los mozos, provocando numerosas y aparatosas caídas. El balance provisional ha sido duro ya que una decena de corredores han tenido que ser trasladados al Hospital Universitario de Navarra con al menos dos heridos por asta de toro.

Las cornadas se han producido paradójicamente en los tramos habitualmente más limpios. Un joven pamplonés de dieciocho años fue alcanzado en el muslo en la zona del Ayuntamiento, mientras que un corredor de cuarenta y seis años natural de Guadalajara sufrió una grave cornada en el tórax en el tramo de Telefónica. A pesar de la peligrosidad de las heridas ambos se encuentran estables, cerrando así unas carreras matutinas llenas de adrenalina y peligro.
Esta tarde a las seis y media en la Plaza de Toros de Pamplona esos mismos toros de Jandilla serán los grandes protagonistas en el ruedo. Esta ganadería suele ofrecer un juego dinámico con transmisión y casta, siendo de plenas garantías para propiciar el triunfo.
La terna que lidiará este encierro de cierre combina el pellizco clásico, el arrastre de masas y la ambición juvenil. Juan Ortega llega para poner la nota de torería clásica y temple. Su exquisito manejo de la capa y su concepción artística buscarán el triunfo en una plaza que sabe rugir con la pureza a pesar de ser eminentemente festiva.
Andrés Roca Rey es la máxima figura mundial y el gran ídolo taquillero. Su valor seco, su estoicismo y su rotunda entrega conectan de manera eléctrica con el bullicioso ambiente de las peñas pamplonicas.
Por último, Tomás Rufo completa el cartel aportando una tremenda firmeza. Viene en racha y está dispuesto a no dejarse ganar la pelea por sus compañeros de terna en su búsqueda por redondear su estatus de figura joven antes de entonar el definitivo Pobre de mí.
