Lo vivido en la Feria de la Magdalena de Castellón no ha sido un triunfo más, sino un golpe de autoridad que resuena en todo el escalafón. Pablo Aguado llegó a la capital de la Plana con la responsabilidad de quien sabe que los ojos del aficionado están puestos en su evolución, y no defraudó. Tras su paso por el coso castellonense, dejó grabados en la retina momentos mágicos con el capote, con verónicas de manos bajas y un temple que detuvo los relojes, demostrando esa pureza que es marca de la casa.
La faena de muleta fue un compendio de lo que se espera de él esta temporada: una madurez técnica que no está reñida con el pellizco artístico. Con un inicio clásico y de una torería insultante, Aguado sacó al toro a los medios con una elegancia que puso a toda la plaza de acuerdo. Hubo una profundidad y un calado en su toreo que trascienden el simple pase; hubo una búsqueda de la armonía que solo los elegidos son capaces de alcanzar.
Este nivel de compromiso y claridad de ideas confirma que el sevillano ha dado el paso definitivo al frente. Aguado este año aspira a entrar dentro del selecto grupo alto del escalafón, ese lugar reservado para las figuras que mandan en las ferias y que imponen su estilo ante cualquier tipo de embestida. En Castellón no solo convenció por su estética, sino por su capacidad para solventar las dificultades de un lote desigual, cortando una oreja de peso al sexto tras una lección de inteligencia lidiadora y toreo caro.
Si esta es la tónica de lo que está por venir en plazas como Sevilla o Madrid, estamos ante la temporada de la consagración absoluta. Pablo Aguado ha dejado claro en Castellón que su concepto no es solo un refugio para sibaritas del toreo, sino un arma poderosa para liderar el toreo contemporáneo desde un concepto de toreo antiguo y puro.
Video: Video Realizaciones J.E.T.

