El coliseo de Dax amaneció este jueves 13 de agosto sabiendo que albergaba una cita de las que marcan el calendario taurino. Con el cartel de ‘No hay billetes’ colgado en los tendidos y una expectación máxima flotando en el ambiente francés, la tarde estaba diseñada para la consagración de un torero que venía pidiendo el toro a gritos. Y Julio Norte no defraudó. Apadrinado por la máxima figura del momento, Roca Rey, y con la torería de Pablo Aguado como testigo, el joven salmantino firmó una alternativa soñada, derribando la puerta grande y justificando con creces su salto al escalafón mayor.

Para entender la dimensión del triunfo rotundo de Norte en Francia, hay que echar la vista unos meses atrás y repasar una temporada incontestable. El salmantino aterrizó en su doctorado avalado por una campaña arrolladora, marcada por los grandes triunfos que cuajó en ferias del peso de Valencia, Granada y Córdoba. En esos ruedos de máxima exigencia, Norte no solo tocó pelo, sino que impuso su ley, dejando faenas memorables que evidenciaron que el escalafón menor se le había quedado pequeño y que estaba más que preparado para codearse con las figuras.
A esa estela de rotundos éxitos se suma una sensación que caló hondo entre los aficionados. Quienes seguimos de cerca la evolución de este torero sabíamos que este momento no era, ni mucho menos, fruto del azar. Las dos veces que he tenido la oportunidad de verle en Sevilla este mismo año ya dejaban presagiar lo que estaba por venir. En su serio y exigente compromiso del mes de abril en la Maestranza, y posteriormente acompañando a su hermano Iñigo en su novillada sin picadores, Julio Norte desprendió un poso inusual para un novillero. En ambas ocasiones en la capital hispalense, vi a un torero revestido de una firmeza apabullante, con las cosas cristalinamente claras delante de la cara del animal y una madurez que asustaba. Esa misma rotundidad incuestionable que fraguó a orillas del Guadalquivir es la que ahora, en pleno agosto, ha estallado en Dax.

El momento cumbre llegó con el toro de su doctorado, un buen ejemplar de Juan Pedro Domecq que tuvo nobleza y clase, cualidades que el salmantino supo aprovechar a la perfección. Lejos de dejarse atenazar por los nervios de la efeméride, Norte sacó a relucir su arrolladora personalidad y un concepto del toreo de corte muy clásico, encajado y puro, que conectó de manera instantánea con la exigente afición francesa. La estocada rubricó una faena de gran calado, y el clamor en los tendidos se tradujo en el premio máximo: Julio Norte cortó dos orejas de muchísimo peso, asegurando así su salida a hombros en el día más importante de su carrera.
No se conformó el nuevo matador con el triunfo inicial. En el sexto de la tarde, el salmantino volvió a salir a por todas, demostrando que su ambición está intacta y dejando nuevamente una impresión formidable. Mantuvo el nivel de exigencia y expuso en cada muletazo. Únicamente una estocada fallida que propició un aviso le privó de un premio mayor que tenía ganado a ley, teniendo que conformarse con una clamorosa vuelta al ruedo que le supo a gloria y que certificó su triunfo como el indiscutible protagonista del festejo.

Ese protagonismo fue aún más evidente ante las dificultades que encontraron sus compañeros de terna. Roca Rey y Pablo Aguado pecharon con la cruz de un encierro desigual de Juan Pedro Domecq, estrellándose contra lotes de muy poca entrega y escasas opciones de lucimiento. El diestro peruano lidió con un segundo toro parado y un cuarto desclasado, escuchando palmas y silencio. Por su parte, el sevillano Aguado tampoco encontró materia prima para el triunfo en el tercero y quinto, de posibilidades muy limitadas, aunque su esfuerzo le valió el reconocimiento del público en forma de palmas en su lote.
Al final, la tarde llevó un único nombre propio. Esta alternativa en Dax no es más que el merecidísimo premio a una trayectoria forjada a base de valor, cabeza y un toreo de muchos quilates. De la firmeza demostrada en Sevilla a la gloria saboreada en Francia, Julio Norte ha dejado claro que su doctorado es solo el principio. Es un nombre que hay que seguir con lupa; ha nacido un matador de toros con argumentos para mandar.
